Vinos y platos. Parte I

armonía eno-gastronómica
Armonía eno-gastronómica

Determinados alimentos y fórmulas culinarias, cuyos ingredientes y métodos resultan difíciles de hermanas con el vino, requieren soluciones donde,  partes iguales, manden el buen gusto y el sentido común.

Empezaremos por olvidar aquella rancia regla que imponía emplear el mismo vino con el que se había elaborado un plato cualquiera para acompañarlo más tarde en la mesa. Si se cuenta con una formidable  botella, guardada como oro en paño para una ocasión especial, una de dos, o no se come o no se bebe.

Hay otra forma, en cambio, nada cuestionable, sino bien al contrario, que debemos seguir a rajatabla, y es que prohíbe terminantemente utilizar los malos vinos para cocinar.  Pensar que, una vez pasados por el fogón, todos los vinos se comportan de una misma forma es negar su propia escancia. El calor vaporiza el alcohol del vino pero respeta y aún incrementa las características gustativas del mismo, porque las va seduciendo y concentrado.

Conviene seleccionar un vino cuya personalidad encaje con el resto de los ingredientes de la receta, después de dejar que se entregue, en confianza, al fragor de la cacerola.

También te puede interesar: AurumRed: El vino más caro del mundo, sano y equilibrado