José Peñín y su defensa del vino corriente

José Peñín / Vino corriente
El especialista salió a la defensa de los vinos económicos y comunes / Foto: Carlos Aranguren

Pese a ser uno de los profesionales más reconocidos del sector vinícola español, José Peñín no se limita solo a las botellas ostentosas o de altísima calidad. El fundador de la Guía Peñín va más allá, interesándose por el vino corriente, como le llamarían algunos y el cual él defiende.

“Algunos colegas critican mi interés por el vino corriente, por el más bajo de la tabla, por el vino del lineal del súper. Dicen que detrás de estos vinos no hay literatura, no hay personajes, que son vinos industriales, etcétera. En cambio, a estas mismas personas no les importa beber una caña de ‘cerveza corriente’ la industrial, como es la que se consume en barra en un 95 por ciento”, explica.

Para el experto de la industria del vino, estos son “ejemplares para beber y menos para degustar”. En su consideración, colegas como críticos, blogueros y sumilleres tienden a olvidar que la mayor parte del consumo en España es para encuentros sociales y no tanto para enfocarse en sus características.

“Son vinos ingresados en la cesta del híper, equilibrados y sin defectos, sin importarle si es de alguna cepa concreta o terruño, alejados de descripciones sensoriales que a nadie le importan y con un precio no superior a tres euros“, escribe José Peñín.

De igual manera, el español señala que no es lo mismo un vino económico que un vino corriente. Destaca que hay muchas botellas de alta calidad, que logran puntuaciones altas en las principales guías, que se consiguen por hasta seis euros.

¿De dónde surge el desprecio por el vino corriente?

José Peñín / Vino corriente
Según Peñín, hay vinos que tienen algo que ofrecer pese a su bajo precio / Foto: ©Cocina y Vino

José Peñín explica que en Italia y Francia, dos de los países con mayor tradición, siempre ha existido un respeto por el vino popular. “Es como si fuera la sangre de la propia tierra. Una jarra de tinto o de blanco anónimo en cualquier bistró francés o en una trattoría italiana forma parte del mantel. Vinos sin personalidad relevante, ligeros, frescos, fáciles de beber y, lo más importante, sin ningún defecto“, escribe.

En precisamente en ese último aspecto, en los defectos, de donde nace la discriminación en España por estas bebidas. Hace algunas décadas, las condiciones de conservación de los pequeños productores no eran las más apropiadas. Por ende, muchos vinos desarrollaban defectos desagradables para el consumidor.

“Estos rasgos eran tan comunes que el consumidor los había asumido y entendía que un vino barato tendría que ser así (defectuoso y de malas características)”, añade. Aunque hoy en día la realidad es otra y las bodegas cuidan más las condiciones de almacenamiento, los ejemplares económicos siguen teniendo, como lo denomina Peñín, “mala prensa”.

En la Guía Peñín hay más de 400 vinos con precios iguales o menores a tres euros que han logrado buenas calificaciones. Ejemplares con hasta 89 puntos forman parte de la publicación, incluso, algunos pertenecen a importantes regiones productoras de la nación ibérica.

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