La última semana del año se caracteriza por su buena comida, algo que significa que también habrá bebidas de calidad. Sin embargo, dar con el vino navideño ideal, ese que vaya a la perfección con los platos a disfrutar, no siempre resulta tan obvio.
Con conocimiento de ello, un sumiller de la Guía Michelin se encargó de compartir sus consideraciones para no fallar en la mesa de Nochebuena y Nochevieja. Con larga experiencia trabajando para restaurantes, hoteles e incluso para la guía Wine Advocate, el especialista anónimo es una voz más que autorizada para ofrecer sus consejos.
“Las fiestas navideñas suelen estar resaltadas en rojo para los amantes de la comida y el buen vino; sin embargo, con tanta diversidad, decidir que vino se adapta mejor a tu plato puede convertirse en un auténtico quebradero de cabeza para los más perfeccionistas. ¿Cuál es el momento idóneo para descorchar una botella de cava o champán? ¿Qué vino marida bien con tal plato? ¿En qué momento abro esa botella especial?”, comenta.
El debate del espumoso, un clásico vino navideño

Una de las dudas más usuales es ¿cuándo abrir esa botella de champán o cava? A esta pregunta, el sumiller tiene una respuesta clara: “nunca es mal momento para abrir una botella“.
“Existe una idea tan falsa como extendida según la cual el champán habría que reservarlo para las celebraciones. En mi opinión, nada más lejos de la realidad. Como apasionado del vino, en mi bodega nunca falta una pequeña reserva de champán”, agrega.
Para el experto de la Guía Michelin, el espumoso francés y el español pueden ser el vino navideño perfecto por su versatilidad. Esto porque no solo son de muy buena calidad y van de maravilla con muchas comidas, sino también porque tienen cierto misticismo que los relaciona con la alegría.
“Una copa de champan será la mejor manera de dar la bienvenida a una fiesta o de iniciar un festín en familia o entre amigos. Si, por el contrario, su idea de Navidad es más íntima y tranquila, le recomiendo abrir una botella a primera hora de la mañana”, comenta. Sobre el último punto, argumenta que es una bebida ideal para complementar muchos desayunos.
Algunas consideraciones de un conocedor
En sus palabras, cada persona es libre de decidir los emparejamientos de comida y bebida de su preferencia, aunque estos no sean los preferidos por muchos. Sin embargo, añade que dejarse guiar por un conocedor puede ser mejor para elevar la experiencia.
Lo que crece junto va bien junto
“En muchos rincones del mundo, las especialidades regionales han ido tomando forma al tiempo que se iba desarrollando un estilo de vino adaptado específicamente a las características de esa misma cocina regional”, dice.
Esto se puede ejemplificar, por ejemplo, con los vinos producidos en las cercanías de las costas frías y pesqueras, que tienden a ser un poco más ácidos. Por otro lado, las zonas calurosas dan un carácter a los tintos que va muy bien con las carnes rojas producidas en las adyacencias.
“Por último, no existe una sola respuesta atinada: no hay razón para que el mismo solomillo a la parrilla no funcione igual de bien con un cabernet californiano, un brunello di montalcino italiano, un shiraz australiano o un malbec argentino. Siéntase libre de experimentar y alterne variedades de climas y regiones similares“, indica.
Los opuestos se atraen y los sabores similares se anulan
El escritor anónimo de Michelin lo explica de esta manera:
“Los opuestos se atraen: los platos calientes, salados y crujientes van de lujo con vinos fríos, suaves y con cuerpo. Cuando se trata de maridajes plato/vino, algunas de las experiencias más interesantes y sinérgicas que uno puede tener se producen cuando la acidez de un blanco corta la grasa de una preparación o cuando los taninos de un tinto se unen a las proteínas de la carne roja. Estos opuestos se complementan de tal manera que el disfrute del bebedor va in crescendo a medida que el paladar va descubriendo los diferentes matices”.
“Los sabores parecidos se anulan: los sabores de un plato tienden a anular la misma gama de sabores del vino que lo acompaña. De esta manera, los matices agrestes y la potencia de un plato de caza tenderán a anular la potencia y los matices silvestres de un syrah, transformándolo en un vino más terroso, afrutado o floral. Lo mismo ocurre al combinar los sabores terrosos de las setas o la trufa con un tinto de Borgoña o un nebbiolo de Piamonte, que tenderán a mostrar su lado más floral. ¿Tiene un cabernet o un carmenere que huele y sabe a “verde” y quiere atenuar esa sensación? Pruebe a combinarlo con pimientos y observe cómo ese verdor acaba desvaneciéndose para dar paso a jugosos sabores a bayas”.
La intensidad se acompaña con intensidad
Las comidas de Navidad suelen ser intensas en sabor, por lo que el o los vinos navideños deben serlo también. Esto es una manera de que el juego entre ambos elementos sea coherente y no haya falla.
Simplemente beber lo que se quiere
“Esto es lo más simple del mundo. A veces, el maridaje adecuado para ese plato especial de fiesta no es un vino, sino una deliciosa y espumosa cerveza o un cóctel con especias. Diviértase y beba lo que más le apetezca“, comenta el sumiller.
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Con información de GuideMichelin