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Manzanilla, utilizada desde la Edad Media

Manzanilla o camomila es el nombre con el que se le conoce a esta hierba; es originaria de Europa occidental y es muy abundante en Grecia. Es reconocida por sus flores de pétalos blancos y el centro amarillo.

Las principales propiedades de esta hierba son: antiinflamatorias, antialérgicas, antibacterianas y sedantes. Además, posee buenas ventajas digestivas, por lo que se recomienda beber una taza de té de manzanilla después de comer para aliviar dolores, calmar la pesadez y hasta en casos de úlceras o gastritis.

Es muy buena para tratar afecciones respiratorias como ser el asma, el resfrío, la fiebre alta y la bronquitis. Por su parte, aquellas personas que no pueden dormir se aconseja que beban una infusión de manzanilla para conseguir sueños más profundos. También es ideal para las mujeres que sufren de dolores menstruales intensos.

Su utilización cosmética o de belleza. Por ejemplo, el uso más común es para aclarar el cabello: las mujeres castañas que desean ser más rubias, usan manzanilla como enjuague durante el verano, porque con la acción del sol, se consiguen al menos dos tonos más claros.

Usada de forma tópica, tiene buenas propiedades para la piel. Las cremas o cataplasmas de manzanilla caseras son excelentes para regenerar los tejidos y los enjuagues son muy buenos para cicatrizar más rápido aftas o herpes bucales.

En el mercado puedes conseguir manzanilla en varias presentaciones: cremas, aceites esenciales, lociones y cápsulas, sin embargo, lo más común y saludable es su infusión.

Precauciones con la manzanilla

Entre las precauciones que hay que tomar se destaca la incompatibilidad de la manzanilla con el tanino y la quina, por lo que no debería mezclarse con plantas como el roble o nogal, ni con sales metálicas; así como tampoco se debe utilizar la manzanilla en forma de aceite esencial durante el estado de embarazo.

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