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Tres remedios sencillos a base de ajo

Si bien hay quienes disfrutan el sabor picante del ajo, otros lo odian. Su uso resulta indispensable como condimento de numerosas preparaciones. Desde el antiguo Egipto, pasando por Grecia y Roma, y hasta finales del siglo XIX, ha sido la planta medicinal más utilizada en el mundo.

Su efecto antibacteriano es archiconocido. Louis Pasteur fue el primero en demostrarlo científicamente, en 1858. Puede destruir infecciones por hongos y es un antídoto muy útil contra algunos venenos, sobre todo contra el alcohol y los metales pesados.

Este bulbo, perteneciente a la familia de la cebolla, está formado por una cabeza de dientes, cubiertos por una piel fina, que se separan con facilidad.

Los dientes resultan más fáciles de pelar si se colocan sobre una tabla y se aplastan con la parte plana de un cuchillo ancho. Maje o pique con este utensilio u otro especial para tal fin.

Por ejemplo, para añadir un sabor sutil a las ensaladas, corte un diente y frótelo por el interior de la ensaladera, o agregue un diente entero pelado al aderezo y retírelo antes de servirlo.

Es curativo

Con esta planta herbácea, buena para reducir el nivel de colesterol y la tensión sanguínea, así como para mejorar la circulación, pueden prepararse remedios rápidos. He aquí tres de ellos:

Pruebe un diente de ajo machacado con una cucharadita de miel y jugo de limón disuelto en una taza de agua caliente. Tómelo tres veces al día para tratar resfriados, tos, dolor de garganta, asma, bronquitis y sinusitis.

En caso de indigestión, estreñimiento, diarrea y molestias estomacales, machaque un diente de ajo en una taza de leche caliente y bébalo después de las comidas.

Si padece cistitis y otras infecciones urinarias, machaque un diente de ajo en un yogur natural y tómelo por la mañana y por la noche.

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