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¿Por qué nos “congelamos” al comer helado?

Disfrutar de un rico helado es sinónimo de alegría. Este gélido postre que se pasea en paletas, barquillas o vasos es querido por todos. Ideal para combatir el calor o simplemente alejar a los fantasmas del antojo. Pero suele pasar, muy seguidamente, que esta dulce felicidad se ve cortara por una intensa y fría sensación en nuestra cabeza. Sí, nuestro cerebro se congela, ¿a qué se debe esto?

“¡Se me congeló el cerebro!”

Cerebro congelado por helado

Este común fenómeno es llamado “celafea por estímulos fríos”, o de manera más popular, “celafea del helado”, debido a que este postre es de los detonantes más conocidos. La celafea es un dolor de cabeza intenso que puede ser momentáneo, intermitente o duradero. Normalmente relacionado a migrañas o jaquecas.

Al ingerir algún alimento que presente temperaturas muy bajas, receptores situados en el paladar activan sus alarmas. Según explicaciones de la doctora de Harvard, Celeste Robb Nicholson, lo explica, “Muchos expertos consideran que ocurre cuando una sustancia fría toca el paladar o la parte trasera de la garganta provocando que los vasos sanguíneos se encojan y dilaten rápidamente”.

De tal manera, esta dilatación de los vasos ubicados en el paladar envían una señal al cerebro a través del nervio trigémino, encargado de las sensaciones térmicas en la zona bucal. Esto genera, según estudios del doctor Jorge Serrador, que se eleve el flujo sanguíneo en una artería ubicada en el cerebro, siendo esta la causa real del dolor.

No hay helado al que temer

Serrador, se dio a la tarea de calmar a los amantes del helado, pues comentó que este dolor es inofensivo. Según el galeno, “Se trata de un dolor totalmente inocuo”.  Al transcurrir un tiempo relativamente corto, la arteria vuelve a contraerse y el dolor desaparece por completo.

Los propios académicos de la universidad estadounidense comentan que no existe un método preciso para evitar esta dolencia. Sin embargo, muchos dicen conocer maneras para evitar la sensación de dolor, siendo el más popular el presionar la lengua contra el paladar. Estas creencias no tienen un sustento científico y los estudiosos solo recomiendan ingerir productos congelados a una lenta velocidad.

Disfrutar poco a poco de los sabores dulces es un gran placer del día a día. Además de degustar con detenimiento cada segundo de nuestro postre favorito, se evitará pasar por un congelado y desagradable momento.

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Con información de LaVanguardia y HealthHarvard

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