Las Caretas

Al sur de la amplitud geográfica del llanero estado venezolano de Guárico, rodeado de un verdor imponente y de una fauna variada, en plena carretera nacional Calabozo-Camaguán, a 13 kilómetros de la parada de Corozo Pando, aparece un portón de hierro que al abrirse y recorrer varios metros hacia adentro da paso hacia un lugar hermoso y acogedor.

Se trata del Hato Las Caretas, que durante seis generaciones ha pertenecido a la familia Freites Freitas, la misma que desde hace una década instaló allí un confortable hospedaje tan cálido como su clima y que forma parte del Circuito de la Excelencia. Tiene apenas cuatro habitaciones: dos para cuatro huéspedes y las otras dos para ocho, donde el confort y la aventura están garantizados.

Los visitantes son recibidos por su dueño, Ricardo, un anfitrión de lujo. Es minucioso, cuida los detalles y comparte con los forasteros cada una de las actividades que allí vivirán: desde sentarse en la mesa a comer, hasta los paseos programados. “Para mí es un orgulloso mostrarles nuestro quehacer llanero”, nos deja saber.

Las Caretas

Nos atreveríamos a decir que el principal tesoro que tiene Las Caretas es su gastronomía, muy típica y llena de sabores. En los fogones está Meglis Aponte. Para todos es Chichía. Tiene 42 años y aprendió a cocinar con su madre y su abuela. Sus platos son sencillos, pero a la vez, poderosos y suculentos, de esos que generan suspiros de satisfacción entre los comensales.

Junto a ella, otras cuatro muchachas la acompañan en los quehaceres. Nos precisa: “Acá no se usan condimentos como tales”, y al ser consulta sobre los ingredientes que siempre tienen a la mano sonríe y los revela: “solo ají dulce, cebolla, ajo, sal y cilantro”.

Vivir la experiencia

Las Caretas

Para comer en este hato lo primero que hay que tener claro es dejar los prejuicios a un lado y disfrutar de las bondades de esas tierras. No hay menú como tal, donde usted seleccione opciones al momento de cada comida. Minutos antes, en una pizarra, se detallará lo qué comerá.

Y olvídese de que le servirán pasta, yogurt, cereales, sánduches, plato de frutas, salsa de tomate y mayonesa, hamburguesas o nuggets de pollo, por citar algunos. Tampoco hay refrescos.

Las comidas se hacen al aire libre (salvo que llueva). El jardín se convierte en un gran comedor, con varias mesas pegadas con bancos a los lados, en donde comparten todos los huéspedes, conocidos y desconocidos. Todo en medio de un paisaje divino.

Las Caretas

No hay lujos, pero el buen gusto resalta. El lugar es extremadamente limpio y ordenado. La vajilla, de peltre, es cuidada y colorida, así como las bandejas de cerámica donde sirven las delicias del día.

En la mesa siempre tendrá a la mano queso llanero, natilla y picante, producidos y elaborados en el hato. Tampoco faltará la torta de casabe, que no hacen allí, sino en Camaguán, que queda a 15 minutos. Es crujiente y tostadito, pues luego de ser asado en budare, pasa por unas brasas donde termina su cocción y obtiene su exquisito aroma a leña.

Comida en abundancia

Las Caretas

Ya luego, lo que viene es un festín gastronómico. Comilona total. Lo gourmet no tiene cabida en Las Caretas, pero la comida es generosa, abundante y cada comensal se sirve a su gusto.

En el desayuno hay arepas de maíz pilado (también hacen de topocho y auyama), chigüire desmenuzado, carne mechada y carotas negras. Otro desayuno incluye las irresistibles orejitas (arepitas dulces especiadas en forma de oreja con bastante queso rallado), guiso de carne, babo -especie de cocodrilo- desmechado, frijoles y aguacate. También perico o chicharronada.

El almuerzo es rico en carbohidratos y proteínas. Por ejemplo, conseguirá un palo a pique (mezcla de arroz con frijoles bayos), la infaltable carne en vara (asada solo con sal, es jugosita), costillas (¡las costillas!) y yuca. O un arroz con brócoli, cochino frito, plátanos dulces, frijoles blancos y ensalada rallada.

Una vez caída la noche, lo más seguro es que contemple un cielo estrellado al cenar. Es la comida más ligera de todas, pero no menos importante. Puede comenzar con una crema de auyama, luego un pastel de babo con ensalada fresca y yuca frita. Al otro día podría cenar con una de apio y una tremenda cachapa con queso y carne,  así como ensalada cocida.

Las Caretas

Los postres tampoco faltarán. Por lo general los sirven en el almuerzo. Ofrecen dos opciones, pero si es goloso, le servirán ambas. Puede ser arroz con coco, casco de guayaba, mango, ciruela, lechosa, toronja y torta de auyama, por nombrar algunos. Aunque no sea temporada de alguna de esas frutas (son de su propia cosecha) podrá disfrutarlas igual, pues toman las previsiones para tenerlas todo el año.

Para beber, aparte de agua y café, tienen papelón con limón y jugos naturales de parchita, patilla, tamarindo, piña, lechosa o tomate de árbol, entre otros.

Una de las especialidades del hato es la ensalada de topocho, que es de la familia del plátano y el cambur, pero con un sabor distinto, por cierto muy fácil de conseguir en cualquier ciudad venezolana. Chichía, la cocinera, le comentó a Cocina y Vino que el secreto está en hervir esta fruta y cuando esté cocida la lleva a la nevera para que sea más fácil de cortar. Ella le agrega al plato célery, pimentón y cebolla morada.

Tierras para el disfrute

Las Caretas

Pero no solo se come bien en Las Caretas. Su dueño, Ricardo Freites, se  esfuerza para que sus huéspedes puedan vivir a plenitud el día a día del hato, con actividades propias de la zona: desde buscar la vaca en el potero, para luego ordeñarla, hasta producir con esa leche su propio queso blanco.

En este sentido, precisa: “Nuestros visitantes pueden palpar el esfuerzo del ordeño diario, el sudor de la constancia. Con ocho litros de leche se produce apenas un kilo de queso (…) toda esa energía no es bien remunerada”.

También puede recorrer sus instalaciones caminando, para observar la diversidad de su flora y fauna (gallinas, gansos, cerdos, pavos reales, galápagos y babos, entre otros), así como montar a caballo.

Las Caretas

Allí también, y en honor a su padre, Modesto A. Freites Piñate, está el Museo Casa de la Memoria del Llano, que muestra cómo era la población prehispánica en esas tierras llaneras y su evolución a través diferentes utensilios y piezas arqueológicas

Igualmente, hay paseos fuera de Las Careras. Lo llevarán a Camaguán para que aprenda el proceso de elaboración de su famoso casabe tipo galleta, en la casabera La gran parada, de la mano de José Luis Tejada. O visitar el Fundo Pecuario Masaguaral, para que conozca el programa de conservación del caimán del Orinoco y, dependiendo de la temporada y clima, navegar por el río Portuguesa para ver las toninas y el Estero de Camaguán, y disfrutar así los impresionantes paisajes de los tres estados llaneros: Guárico, Apure y Barinas.

Coordenadas

www.hatolascaretas.com

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