Figarilla y olé: Andalucía en Madrid

Figarilla

Figarilla llegó en julio a Madrid, una ciudad en la que no falta una especial querencia por la gastronomía andaluza. Tradicionalmente ha habido y hay distintas tabernas (La Caleta, Cazorla), restaurantes donde se rinde culto a la cocina del sur (Surtopía, Kulto) o, a las bebidas sureñas, conózcase sino La Venencia, un bar donde no sirven ni cerveza ni Coca-Cola, y está especializado en vinos generosos andaluces.

Pero siempre queda hueco para una buena oferta. Y ahí entra en juego Figarilla. Susana y yo podríamos haber elegido ir en fin de semana. Es en esos días cuando tienen actuaciones de flamenco en directo con las que pretenden teletransportarte al corazón de Andalucía. Pero preferimos, de entrada, conocerlo a través de su cocina, que para dos periodistas gastronómicas que fuimos, nos resulta más importante.

Detalles del espacio

El local, situado junto al Bernabéu, en el 14 de Concha Espina, cuenta con dos plantas. Con la decoración logran cierto ambiente sureño: la selección de los azulejos le otorga un punto tradicional que recuerda a las antiguas cantinas del interior de la comunidad.

El mobiliario versiona modelos clásicos en clave actual, y detalles de latón en los apliques y lámparas crean un sutil ambiente de años pasados. Además, en el hueco de la escalera, recrean con acierto un patio andaluz donde crece la vegetación, y lucen en sus paredes cuadros con motivos andaluces.

En cualquier caso, ante la agradable temperatura del día, Susana y yo optamos por comer en la terraza. Una terraza, eso sí, que podrá disfrutarse para comer o cenar durante todo el año, dado su acondicionamiento.

La experiencia gastronómica en Figarilla

A la comida llegamos Susana y yo con unos minutos de diferencia. Pata el aperitivo, tomamos sendas de copa de manzanilla de Lustau. Una de mis obsesiones es que los vinos por copas estén a la temperatura correcta, y así fue en Figarilla. Y otra agradable sorpresa. A los que somos bebedores de vino no siempre nos gustan las copas preasignadas. Por ejemplo, solemos rechazar las copas de flauta para los espumosos, prefiriendo siempre las de vino. Lo mismo nos ocurre con el catavinos habitual en finos y manzanillas. En Figarilla, la amable camarera que nos atendió tuvo a bien preguntar por nuestra preferencia en copas. ¡Todo un detalle!

Figarilla
Calamares a la andaluza

Optamos por pedir diferentes platillos de tapeo. A la carta, muy completa con especialidades andaluzas, le pongo un pero: la ausencia de medias raciones. Cuando en la comida hay más de cuatro personas, no tiene ninguna importancia. Pero cuando van dos, si no se ofrecen medias raciones, o bien sobrará comida por todas partes, o los comensales no podrán comer variado.

El llamado picadillo de tomate es una ensalada con ventresca. Harían bien en la carta indicándolo. Sabrosos y con textura firme los langostinos al ajillo con vino fino. Suculento el cazón con un adobo elegante, textura sin mácula en los calamares fritos y unos pinchitos morunos a los que les faltaba algo de garra acompañados de unas patatas fritas excelentes.

Fritura, ¡qué dominio!

Con la comida en Figarilla lo que quedó patente es que la fritura la dominan, mostrando unos platos sin rastro de grasa y con un fina capa de harina bien crujiente. Muy recomendable si se es fan de la fritura andaluza, en este caso en absoluto exenta de elegancia. No probamos la fritura de boquerones adobados, pero probado lo probado, seguro que son un imperdible.

Y no es que la cuestión tenga truco; lo que tiene es oficio. El equipo de cocina de Figarilla se ha formado en La Milla Marbella, donde la fritura es verdadero arte y su dominio altamente reconocido.

Figarilla
Cazón en adobo

En carta abundan otras especialidades como los molletes con rellenos típicos andaluces como la pringá o la carne mechada, pescados como la suprema de dorada a la roteña o espetos en sardina, y guisos de carne como la carrillera al Montilla Moriles o el magro con tomate acompañado de sus patatas fritas de escándalo.

Selección vinícola en Figarilla

Me gustó la idea de una carta en la que, prácticamente, todos sus vinos pueden tomarse por copas o por botellas. Es una carta sencilla, de vinos con precios comedidos, y en la que no faltan unas cuantas referencias andaluzas. Tampoco de las zonas más representativas de España.En definitiva, un lugar para volver y seguirles la pista.

Taberna Figarilla

Avda. Concha Espina, 14, 28036 Madrid / De lunes a domingo, de 12:00 a 01:00 horas / Precio medio: 25 / 30 €

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