Refugiados antorcha
Vía emmastorch.org

Libertad. Es eso lo que buscan los seres que nacieron en una tierra donde, por imposición, las oportunidades son limitadas y el maltrato es constante. También es lo que representa el nombre y la iniciativa del café restaurante Emma’s Torch (La Antorcha de Emma en español), que está ubicado en Nueva York, Estados Unidos.

Su nombre es un homenaje a la Estatua de la Libertad y a quien fue impulsora de su construcción en el siglo XIX, Emma Lazarus. Sin embargo, estos elementos van más allá de un cartel distintivo, pues dentro de este peculiar local se ejecutan maravillas en los fogones y en la vida de personas que han atravesado situaciones complicadas.

Emma’s Torch diseñó un programa especial para darle la oportunidad a personas refugiadas, asiladas y víctimas de injusticias de que aprendan a hablar inglés y desarrollen dotes culinarias, y que así puedan funcionar como empleados en el mismo café e, incluso, posteriormente puedan tener más oportunidades de empleo.

La fundadora del lugar, Kerri Brodie, declaró para el medio Huffington Post que su intención no es hacerle sentir al comensal que participa en un acto de caridad al ir a comer a la Antorcha, sino que en realidad está ahí para degustar comida de muy alta calidad.

El curso tiene una duración aproximada de dos meses, en los que los aspirantes a cocineros aprenderán todo lo que necesitan saber del oficio y del idioma. La propia cocina del restaurante es el espacio donde adquieren experiencia laboral, pues los fines de semana son los encargados de preparar platillos tradicionales como sándwiches gourmet y waffles belgas para los clientes.

Un “Grand Slam” de oportunidades

Además de toda la instrucción, los estudiantes ganan 15 dólares por cada hora de empleo, y trabajan aproximadamente 200 horas durante el programa. Esto es más de lo que suele ganar un cocinero en cualquier otro establecimiento promedio de la ciudad de Nueva York, pues en la mayoría de los restaurantes pagan 11 dólares por hora.

Brodie también le explicó al portal norteamericano que cuando los refugiados ingresan a los Estados Unidos reciben ayuda federal durante solo cuatro meses, pero tal lapso no les es suficiente para aprender a comunicarse y conseguir un empleo estable, por lo que suelen caer en situaciones deplorables.

refugiados antorcha
Vía emmastorch.org

Hasta ahora, solo cinco personas han podido disfrutar de esta admirable iniciativa, pero son más de cincuenta las que día a día buscan un chance en Emma’s Torch. La cantidad de individuos admitidos es limitada por lo pequeño del restaurante.

Su cultura también es bienvenida

Además de contribuir directamente con la calidad de vida de los aspirantes, también los hacen sentir como en casa. Una de las estudiantes, Addwa Alsubaie, marfileña de 19 años, solía trabajar 12 horas diarias en una tienda de variedades. Desde que ingresó a este restaurante su vida cambió por completo y vio cómo sus ideas eran tomadas en cuenta.

Un platillo originario de Costa de Marfil, conocido como Shaksuka, fue servido en la Antorcha gracias a los conocimientos de Alsubaie. Según Brodie, todos los que probaron la preparación casi lamían el plato.

Tal aspecto es muestra de que las intenciones de este local van más allá de ser una fuente estable de ingresos, sino también de fungir como un hogar para quienes están desamparados, y como un alto restaurante donde los comensales degusten platillos que rocen la perfección.

Para conocer más sobre esta iniciativa, haga click aquí.

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Con información de Huffington Post.

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