Pietro Carbone, un apasionado del café

Pietro Carbone
Lleva una década al frente de la Accademia del Caffé. Cortesía Samuel Kaufman

Desde muy pequeño Pietro Carbone descubrió el café. Su padre, el afamado sastre italiano Nino Carbone, le enseñó a tomar espresso sin azúcar; sin embargo, fue en la boutique de su progenitor -una pequeña tienda ubicada en Altamira, Caracas-, donde poco a poco comenzó a sentir fascinación por su elaboración, pues había una cafetera para brindar la aromática bebida a la clientela.

Con los años comenzó a conocer los secretos del grano. Tras culminar sus estudios de administración en la Universidad Metropolitana y realizar una maestría en finanzas en la misma casa de estudios, se fue a Italia para mejorar sus conocimientos en torno al procesamiento y tostado de la semilla. Trabajó como barista en Milán y Turín.

 

Tras culminar su entrenamiento y certificación en el Instituto Nacional del Espresso Italiano y por la Specialty Coffee Association (Scae), o Asociación de Cafés Especiales, volvió a Venezuela para dedicarse de lleno al oficio que más lo apasiona y hace feliz.

Por una buena taza

Pietro Carbone
Su café está catalogado como uno de los mejores del país. Cortesía Samuel Kaufman

Hace una década fundó la Accademia del Caffé. “Surgió tratando de tomarme una buena taza de café. Comencé tostando el mío y enseñando a mis amigos cómo prepararlo mejor. La Accademia se creó para ser un proyecto inclusivo, empeñado en mantener la calidad de nuestro café, tanto en grano como en la taza. Siempre lo repito, un solo palo no hace la montaña, por eso el team sigue creciendo”, destaca.

 

Pietro Carbone está convencido que el de Venezuela es uno de los mejores cafés del mundo. “En el país volvimos a entender que para nosotros este producto es importantísimo. Tenemos cómo hacerlo: hay buenos granos, tostadores y productores, y la verdad es que siempre estuvo abandonado”.

Su terquedad ha sido la clave de su éxito. Está consciente de ello, sabe perfectamente que es parte de hacer su trabajo mejor. Lo aprendió de su padre, así como la formación y la manera de gerenciar. 

 

No en vano ha formado a más de 19 mil baristas. Sus cursos son semanales y muy solicitados, van desde el básico, hasta el brew, espresso lab, latte artcupping y tostado. También ofrece certificaciones internacionales de la Scae. Ha impartido igualmente algunos talleres en Colombia, Perú, Ecuador y Panamá.

Calidad ante todo

Los empaques, en granos o molido, son verdaderas obras. Cortesía Samuel Kaufman

Carbone Espresso, su marca, es emblema de calidad. Su línea clásica es Boconó (Trujillo), un arábica que comercializa en grano y molido. Es un tostado artesanal y oscuro, y el más vendido. En ediciones más limitadas y de tostado medio, está el Caripe del Guácharo (Monagas), Turgua (Miranda) y Sanare (Lara). Todos con empaques innovadores. También ofrece el Cold Brew (café frío en botella).

 

Su relación es de tú a tú con los productores, con quienes trabaja directamente y a quienes paga el precio que considera justo. “Al agricultor le toma tanto trabajo, y es quien menos se beneficia del comercio del café. El agricultor lleva toda la carga: si la cosecha se dañó, si le robaron los sacos de café, si la mata se enfermó, si llovió demasiado o poco, etcétera”.

 

El mercado venezolano vive una transformación con el café, no es moda. “Me siento responsable de lo que está pasando, porque hace una década comenzamos a hablar de café, de barismo. Estoy confiado en que el trabajo de mi organización da resultados. Un tomador de café curioso pregunta cuál es el origen del grano, qué tostado tiene, cuándo fue tostado. Eso hace unos años no ocurría”.

La situación política y social venezolana no lo frustra; muy por el contrario, sigue apostando e invirtiendo. Ha logrado expandir su negocio más allá de la Accademia del Caffé (la amplió en 2018). Tiene una bicicleta adaptada con una máquina. Se llama Anabella, en honor a su esposa.

 

Ha aprendido que las alianzas son importantes. Y a delegar también. Los productos con su sello los ha llevado a las Esquinas Carbone, pequeños espacios para tomar su café y comer algunas delicias saladas y dulces. La primera abrió en septiembre de 2017, en el Centro Comercial Plaza, en La Boyera. Otra la inauguró en diciembre del mismo año en Celicor Boutique (La Castellana).

Piaggio, la novedad

Pietro Carbone
Clarissa no pasa desapercibida en cuanto evento está presente. Cortesía Samuel Kaufman

Carbone es fiel a las tradiciones de su familia y a la cultura italiana, en especial a la siciliana. Es de comer pasta los domingos en casa de la nonna y admira al fallecido cantautor Domenico Modugno.

 

En 2018, basado en el diseño y la funcionalidad, presentó su nueva adquisición: una moto Vespa convertida en un carrito Piaggio, en donde hay una máquina de café Rancillo. Le puso el nombre de Clarissa (por su hija menor), y la utiliza en festivales gastronómicos, eventos sociales y hasta en jornadas de solidaridad.

 

También ha comenzado a nadar en otras aguas, llevando su marca a la música, a través del apoyo a jóvenes talentos de la escena alternativa venezolana.

 

Con la llegada de 2019, está por inaugurar, el 8 de febrero, la tercera Esquina Carbone, en el Centro Comercial Ciudad Tamanaco (CCCT). Y mientras ve cuáles otros proyectos desarrolla, sigue tratando de preparar y procesar el que considera el mejor café.

 

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