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Pau Roca (OIV): “El sector vitivinícola es una actividad básica de la producción agroalimentaria”

Pau Roca no lleva ni dos años como director de la Organización Internacional del Vino y ya le ha tocado vivir una época tan aciaga como la que estamos sufriendo debido a la pandemia mundial del COVID 19. Como es de esperar, esta crisis sanitaria también ha afectado al mundo del vino, y a la manera de desarrollar el trabajo de distintas organizaciones internacionales como es la OIV. En cualquier caso, es motivo de celebración que hoy día la OIV esté dirigida por un español porque ello significa que el peso de España como estado productor es muy significativo, teniendo en cuenta que la organización la componen 47 países miembros, procedentes de los cinco continentes. Pese a COVID 19, la OIV sigue trabajando por y para el vino, y en esta entrevista, Pau Roca detalla cuál es la labor de la organización en el mundo.

¿Qué supone que un español esté al frente de la dirección de la OIV?

España reclamaba un puesto de nivel en esta organización, tenía ambición por este puesto. Luego ha habido que ganar unas elecciones y aquí también se ha hecho la labor necesaria para que yo, como candidato, pudiera ganar las elecciones. Ha sido una labor diplomática, de intercambios y de interés nacional, está claro.

¿Cómo se estructura la OIV?

Además de los países miembros, contamos con 14 observadores -dos regiones, un órgano intergubernamental y 11 organizaciones no gubernamentales internacionales- y representamos el 84% de la producción mundial y el 65% del consumo mundial de vino. Tenemos una red internacional de en torno a mil expertos designados por los estados miembros, y se estructuran en cuatro comisiones, dos subcomisiones y 13 grupos de expertos.

¿Qué se toca en cada área?

Temas tan importantes como viticultura, enología, economía y derecho, seguridad y salud, métodos de análisis, y uvas de mesa, pasas y productos fermentados de la vid.

¿Cómo definiría la OIV?

La OIV es una organización intergubernamental de carácter científico y técnico, con una competencia reconocida en el campo de la viña, el vino, las bebidas a base de vino, las uvas de mesa, las uvas pasas y otros productos derivados de la vid.

¿Cuáles son sus cometidos?

Dentro de sus funciones principales, la OIV tiene un rol importante en la creación y armonización de normas reconocidas internacionalmente en materia de productos vitivinícolas. Normas que abarcan en su totalidad el proceso de producción y la vida útil de los productos, desde la plantación del viñedo al etiquetado de los envases finales, abordando también aspectos económicos, sociales y medioambientales, pilares de la sostenibilidad del sector. Estas normas se aprueban a través de un proceso de consenso de los estados miembro.

Además, otras funciones de la OIV hacen principalmente referencia al fomento, desarrollo y promoción en el sector vitivinícola mediante la elaboración de trabajos técnicos y científicos; a la elaboración y el estudio de bases de datos importantes para el sector; al fomento a la innovación y la educación a través de becas de investigación; a los premios literarios de la OIV, al patrocinio de simposios y concursos internacionales de vino, y al “OIV Master of Science in wine Management”.

Parece estar hablando de unas Naciones Unidas de la Vid

Pues sí, podríamos decirlo de esa manera. No existe hoy en día otra organización en el sector vitivinícola mundial que sea capaz de abordar todas las temáticas y las especificidades de nuestro sector. Tomando en cuenta los grandes desafíos a los cuales esta confrontado el sector actualmente, particularmente en cuestiones de sostenibilidad, cambio climático, producción y consumo, entre otros, estos desafíos requieren una mayor unión de los países productores y consumidores para promover efectivamente las buenas prácticas, el trabajo científico y las regulaciones apropiadas. En este sentido, el rol de la OIV es fundamental.  

Hace unos meses, la OIV presentó un plan estratégico para el período 2020-2024. ¿Qué busca este plan?

Pau Roca en la sede central de Organización Internacional del VIno en París // Foto cedida por la OIV

El Plan Estratégico 2020-2024 y sus objetivos estratégicos atienden a los distintos desafíos a los que se enfrenta el sector vitivinícola internacional y a la voluntad de incorporar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), incluidos en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, a los trabajos de la Organización.

¿La OIV es un organismo que ayuda, de algún modo, a los negocios del vino?

Sin duda, la colaboración internacional reviste cada vez mayor importancia. No en vano, más de dos de cada cinco botellas de vino que se consumen en el mundo son importadas. Desde que fue creada, nuestra organización ha realizado un trabajo meticuloso, complejo, detallado, que trata todos los aspectos de estándares y paso a paso ha logrado resultados. Así, gracias a la OIV, nuestro sector, que por su naturaleza es atomizado, muy regulado, con múltiples especificidades, puede estar seguro de seguir unas reglas que aseguran su integridad agrícola y que de esta forma no constituyen trabas al comercio, como se ha visto en el gran desarrollo comercial transfronterizo que este sector ha tenido.

¿Qué papel tiene la OIV en una pandemia como la actual?

La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto que la OIV tiene los medios para desempeñar un papel clave en materia de gestión de crisis. En primer lugar, se debe reforzar y difundir el mensaje de que el sector vitivinícola es una actividad básica de la producción agroalimentaria. En segundo lugar, el intercambio de experiencias e información ante grandes crisis o cambios tecnológicos puede facilitar la adaptación de los gobiernos y los agentes del sector a las nuevas circunstancias. Sin duda alguna, la OIV debe seguir siendo un actor estratégico al servicio de los gobiernos.

Al público en general, ¿las medidas que toma la OIV le pueden llegar a influir de alguna manera?

Sin ir mas lejos, la propia definición del vino, como producto obtenido exclusivamente de la uva, eso hace que el vino no sea un producto de composición, no hay “recetas” para hacer el vino, no es un producto por tanto agro-industrial en el que “todo se permite si no se pone en riesgo la seguridad alimentaria”, sino que las reglas de la OIV van más allá que los temas de sanidad, y vela por reglas de integridad, origen, calidad, etcetera. Esto influye en la oferta que el consumidor recibe, muy diversa, muy fragmentada, y ante la cual el consumidor reacciona con conocimiento e inteligencia, y de esta forma se busca que no actúe nunca de forma impulsiva.

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