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La pasión incansable de Clara González de Amezúa

Un nombre esencial en la escena culinaria española es el de Clara González de Amezúa. Inspirada por su gran pasión por las artes culinarias, ha impulsado el crecimiento de la industria de diferentes maneras en la nación ibérica.

Cocinera, gastrónoma y empresaria, Clara María es la responsable de la creación de una de las escuelas de cocina “más veteranas de Madrid”, con varias décadas inculcando saberes y sabores.

Amante de los utensilios y los ingredientes desde siempre

Clara González de Amezúa es la fundadora de la tienda y escuela Alambique
La formación culinaria de Clara González de Amezúa fue en Le Cordon Bleu (Francia) / Foto: ArtsAndCulture.com

Nacida en la capital española en 1929, González de Amezúa creció en una familia acomodada. Sin embargo, su padre, escritor e historiador, no le permitió estudiar una carrera. “Consideró que tenía que aprender a tocar el piano, hablar idiomas y casarme”, comentó Clara González para un trabajo de Google Arts and Culture.

Siguiendo los lineamientos de su familia, Clara se casó. Su esposo era un hombre de negocios con el que tuvo ocho hijos. “Llegó un momento en el que me planteé: ¡si yo me tengo que hacer cargo en algún momento del tinglado que ha montado mi marido, no sabría por donde empezar!”, dijo.

Así, consideró dos de sus grandes aficiones de su juventud: la jardinería y la cocina, decantándose por la segunda. En sus palabras, le encantaba observar y aprender sobre todo lo que ocurría en los fogones de su hogar, algo que le ayudó a formarse, empíricamente, como cocinera. Además, tuvo una relación cercana con Otto Horcher, dueño del restaurante Horcher, de los mejores de Madrid en aquella época y donde aprendió “que cocinar era fantástico”.

Durante esos años, estudió formalmente en escuelas renombradas como Le Cordon Bleu París y L’École de Cuisine La Vereme, ambas de Francia.

El primer gran proyecto de Clara González de Amezúa

Alambique, tienda de utensilios de Clara González Amezúa
La tienda de González de Amezúa, Alambique, sigue siendo una referencia en España / Foto: ABC.com

Una de las primeras iniciativas de Clara fue abrir una tienda de utensilios de cocina. Esta inquietud surgió de sus viajes por Inglaterra y Estados Unidos, donde vio locales que no tenían propuestas similares en España. Aquellos donde se encontraban herramientas útiles para la práctica culinaria y que no habían o eran difíciles de hallar en su país.

Fue así que nació Alambique, su propuesta de “productos de menaje y maneras de cocinas nunca antes vistas en Madrid”. Corría el año 1975 y la idea fue todo un éxito, pasando a convertirse en una referencia para los amantes de la cocina.

Sus socias fueron la sueca Helena Lind, la italiana Giuliana Calvo Sotelo y Amparo Soler, de Valencia. Juntas, emprendieron con entusiasmo este nuevo camino con la intención de “convencer al público madrileño que tenía que aprender a cocinar”. Hoy en día, Alambique sigue teniendo su misma ubicación original, en las cercanías del Palacio Real, además de su misma esencia.

En su momento, llegaron a tener hasta 22 sucursales en todo el país, vendiendo piezas y utensilios que llegaban desde Inglaterra y Francia.

Contagiando el amor por la buena cocina

Clara María González de Amezúa, gastrónoma española
La escuela de cocina de González de Amezúa está activa desde 1978 / Foto: VanityFair.es

En 1978 se añadió una arista más a su propuesta: una escuela de cocina. En un principio, le cuestionaron esta idea “pues las cocineras abundaban en cada esquina de Madrid y España”. Sin embargo, Clara creía que los conocimientos se podían profundizar mucho más, no solo enfocándose en platos tradicionales del país.

“Casi todo el mundo se cree que sabe guisar, pero para ello se necesita una sensibilidad como la de un artista. La cocina es ‘el piano’, tienes que hacer escalas y ejercicios todo el rato, si no, pierdes el punto, el espaciado, eso que hace que tu plato sea distinto a los cien que preparan igual”, llegó a comentar.

Principalmente, se enfocaron en la gastronomía francesa, aunque también se impartían clases y cursos de otros tipos de cocina. En principio, estos eran ocasionales, pero el éxito la llevó a establecer la escuela de forma fija.

Incluso, mucho se dice que su iniciativa incentivó el crecimiento de otras academias en Madrid y varias regiones de España. “Nunca sentí que tuviera competencia. Es una cuestión de carácter. Yo estaba tan segura de lo que estaba haciendo, tenía tantas ideas, tanta pasión y convicción por lo que hacía…“, cita Google Arts and Culture.

Asimismo, Clara González de Amezúa por años se desempeñó como embajadora de los sabores de España, colaborando con diferentes entidades, incluyendo el Ministerio de Agricultura. También ha escrito cuatro libros de cocina, dos dedicados al aceite de oliva, insumo que ha defendido y promocionado por décadas.

Por su trayectoria, fue reconocida con el Premio Nacional de Gastronomía en 1983, además de un galardón especial en 2015, también por parte de la Real Academia de Gastronomía.

Hoy en día, sus proyectos son liderados por sus hijas, teniendo a María Llamas a la cabeza de todo.

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