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Chema Rodríguez: De la cocina al arte y de allí a la mesa

Chema Rodríguez es un entusiasta de la vida. Atiende a la llamada para la entrevista de Cocina y Vino con emoción, luego de preparar ideas y proyectos en su cocina en Sevilla. No es chef, ni parecido. Es pintor. Con su arte, ha impulsado en su cuenta de Instagram Confinamiento chic, un emprendimiento que, durante la etapa del estado de alarma en España, le ha permitido compartir sus perspectivas sobre el mundo y sobre una cocina reflexiva.

En sus redes se pueden apreciar cuadros y fotografías de bodegones, emplatados y preparaciones, que ha realizado él mismo con el objetivo de “mostrar una actitud ante la vida, y acompañar a la gente para que no se sienta sola” en un momento complejo a raíz de la pandemia del coronavirus.

Confinamiento chic

Rodríguez es egresado de Bellas Artes de la Academia de Bellas Artes en Perugia y ha viajado por el mundo pintando retratos en México, República Dominicana, Francia, Escandinavia, Suiza y Manhattan. Su pasión es viajar, pero también la cocina y la pintura. En definitiva, se define como un amante de “la estética, los buenos hábitos y el refinamiento personal”.

Con Confinamiento chic, asegura, quería crear un “mundo de motivaciones, especialmente para las personas solas”, de modo que, con cada foto o pintura, desglosa una reflexión sobre la vida, una anécdota de alguna circunstancia y un mensaje inspirador.

Sus pensamientos y reflexiones –que van desde la importancia de la buena educación, la alimentación sana o el cuidado de la naturaleza, hasta, incluso, la feminidad–, nacen en la cocina de su casa y se expresan a través de una vajilla victoriana, un portavelas de cristal sueco o una bandeja de Pickman. Algunas de estas piezas las compra en anticuarios.

El artista se despierta todos los días a las 6:00 de la mañana, da gracias a Dios, se toma un café y empieza a cocinar con un fondo de música clásica. “Reviso el frigorífico y veo qué tengo, miro qué es lo primero que puede estropearse y lo aprovecho, para evitar tirar comida. Cocino y el aroma que se desprende de la olla me transporta a una idea. Imagino qué es lo que quiero contar hoy, qué colorido me llega a través de este plato. Voy pensando el mensaje para las redes y en cómo será esa imagen”, explica.

Mesas y emplatados con arte

Así, si Rodríguez siente que el plato es muy literario, que “le parece una novela”, arregla una mesa en homenaje a la literatura. Si la preparación le recuerda a una mujer, hará un homenaje a las damas. Mientras que si un día debe planchar o hacer una tarea del hogar, creará todo un comedor con tan solo una mesa de planchar.

“Pintar y cocinar tienen muchos elementos en común. Tienes que pintar con buenos ingredientes, a fuego lento, limpio y ordenado, seguir un método, respetar el proceso. Y todos estos elementos los uso a diario. Cuando doy clases de pintura, para que mis alumnos entiendan, saco a la palestra este lenguaje culinario, me sirvo de un lenguaje de cocina para que comprendan la abstracción del arte”, dice.

“Les digo, por ejemplo, que tienen que ir más despacio, que no es una hamburguesa. Si quieres hacer un asado, no puedes hacerlo en 20 minutos, igual una pintura o fotografía”, agrega.

De este modo, todos los platos y mesas que se ven en sus redes son reales, lo que el sevillano utiliza para comer a diario. “Pienso que pasas solo un momento de tu vida comiendo, pero tienes el resto de tu vida para mantener esa comida en la memoria”, afirma.

Sencillez y detalles

Aunque parece muy elaborado o elegante, Rodríguez destaca la sencillez y el esmero en los detalles. Todo lo logra “dándole un click al teléfono” que, para él, es un gran aliado. También el atrezo y la vajilla son de su casa, un “modesto” piso en Sevilla, tierra donde nacieron grandes pintores como Velázquez o Murillo.

“Todo siempre se ve muy refinado, pero realmente no me importa la vajilla ni de donde viene, ni nada de eso. Me da igual que el mantel sea de plástico o el plato de cartón, porque lo verdaderamente chic son los buenos valores de la gente”, opina y se enorgullece de un proyecto que usa el arte y la cocina para levantar ánimos y compartir sobre la vida.

“Hemos conseguido sacar a gente de la cama con el arte. Con estas experiencias, con el Instagram, con la conversación logramos motivar a otros. Hay gente que está en su casa sin vestirse o sin ducharse, o en una cama oscura. Es muy fácil caer en eso en estos tiempos. Hay muchas necesidades en la clase media o baja. Necesitamos seguir ayudándonos todos”.

La cocina de su hogar

Chema asegura que desde niño le enseñaron a disfrutar de todos los alimentos y platos, desde el más sencillo hasta el más elaborado. “Creo que la comida siempre vincula a las personas. Como retratista me importa el alma de la gente, y creo que una buena comida también tiene que tener mucha alma”, afirma.

“No tengo plato favorito porque mis padres me enseñaron a comer de todo. Admiro un buen guiso de legumbre, el asado de mis padres, los dulces. Además de que comparto con mi padre la pasión por las recetas, los dos coleccionamos recetas donde las medidas son huevos vacíos, como antes”, comenta.

“Yo creo que la cocina y el arte son vocaciones que vienen del cielo. Cuando te pones delante de un cuadro es como cuando pestañeas y ya estás concentrado. Estás cocinando o pintando y sales de tu cuerpo, se te van cinco horas y no has comido. De pronto, te trae a la tierra una llamada o el sonido de un coche. Es como estar es ese cielo al que pertenecemos”, concluye.

Mientras tanto, con Confinamiento chic Rodríguez sigue mostrando el mundo que admira con una ensalada inspirada en el mundo nazarí y su azulejería; o con un gazpacho con guarnición de pimiento verde, cebolleta, tomate kumato y huevo duro, servido en un bol de cristal.

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#CocinaYVino

Buena comida, buen vino
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