Protocolo en la mesa: cuándo sentarse
Protocolo en la mesa / Foto: Carlos Aranguren

El protocolo en la mesa no siempre es necesario. Cuando no hay, es muy habitual que los comensales sientan algo de confusión. No es lo mismo sentarse en una mesa cuando el encuentro es formal que cuando este es distendido. En el último caso, lo normal es que la asignación del sitio esté asignada de antemano. De este modo, es muy fácil ubicarnos y que no incurramos en ninguna falta de educación. Tan solo tenemos que respetar el lugar que nos han asignado.

Si no hay un protocolo en la mesa formal y comunicado previamente, el comensal puede encontrarse con dos situaciones diferenciadas. Una, que tenga perfectamente asignada su mesa, pero no así el lugar exacto que debe ocupar en ella.

El otro caso, aún es más libre: que no haya ninguna directriz y el comensal, a priori, pueda sentarse donde desee. Y es, precisamente en estos casos, cuando nos asaltan todas las dudas.

Según el protocolo en la mesa, cuándo sentarse

Hay una consigna universal, sea un encuentro formal o informal. Esto es: el anfitrión o la anfitriona es la persona que debe indicar cuándo hay que sentarse a la mesa. Y es tarea del invitado, obedecerla. ¡Cuán molesto es que la gente no se siente y se eternice hablando en corrillos! Evite una situación así.

Lo correcto es sentarse cuando los anfitriones así lo indiquen.

¿Qué asiento elegir?

Al no haber un protocolo estipulado, y no haya asientos reservados, intente no copar los asientos que parezcan más privilegiados. Deje esa prerrogativa a los anfitriones y, por una cuestión de educación, tenga en cuenta a las personas mayores. Sin forzar la situación, deje que la señora de más edad pueda sentarse a la derecha del anfitrión, y el señor de mayor edad, a la derecha de la anfitriona.

Eso sí, las cuestiones de edad no siempre se dan, lo que no quita que los anfitriones tengan ciertas preferencias. Al fin y al cabo, las personas a veces queremos tener cerca a quien hace más tiempo que no vemos, o con quien tenemos más afinidad. De modo discreto y observador, deje que sean los anfitriones los que decidan en el último minuto, aunque no lo expresen abiertamente.

En conclusión, si no hay un protocolo definido, siéntese donde usted desee, pero observe que no fastidia sin darse cuenta a las personas de mayor relevancia. Esto es: las personas que le están invitando.

En la mesa y en la vida, ante la ausencia de normas, lo que prima es el sentido común.

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