La región de América Latina y del Caribe posee un tercio de todos los recursos de agua dulce del planeta y más de una cuarta parte de las tierras agrícolas de mediano a alto potencial del mundo. En conjunto, sin llegar a optimizar su producción, es la región del mundo que registra la mayor exportación neta de alimentos. Además, es la región más cercana a los mayores mercados del mundo: más de un tercio de sus tierras están ubicadas a menos de seis horas de distancia de esos mercados. Eso es el desarrollo agrícola.

Con esas condiciones y posibilidades, la región de América Latina y del Caribe está llamada a convertirse en la despensa del mundo por el desarrollo agrícola.

Y, en efecto, casi lo es: es responsable del 60 % de las exportaciones mundiales de soya, del 70 % del banano, del 45 % del café y el azúcar, del 44 % de la carne de vacuno, del 42 % de las aves de corral, del 33 % del maíz, del 13 % del cacao y del 12 % de los cítricos. Dentro del conjunto regional, la producción y exportación la encabezan apenas tres países (Brasil, Argentina y México), que aportan el 72 % de toda la producción agrícola de América Latina y del Caribe.

Pabellon Vp en feria del Libro 2015. Saturno Vasquez.

En esa región se ubica la futura despensa del mundo, con la particularidad de que su producción agrícola se orienta cada vez más a los principios de la agricultura sostenible, que responde al enfoque de la “agricultura de conservación”, en que las tierras agrícolas mantienen su capacidad para producir alimentos en el transcurso del tiempo, sin grandes cambios perturbadores de la “productividad total de sus factores”, que corresponde a una relación estrecha entre los resultados agrícolas y los insumos utilizados (tierra, mano de obra, fertilizante, maquinaria y ganado).

El enfoque de agricultura sostenible

Promovido por la FAO, aconseja la adopción de prácticas agrícolas, como la cero labranza y la rotación de cultivos, prácticas que producen mínimas perturbaciones del suelo, mientras elevan su contenido orgánico y mejoran su capacidad de contrarrestar los efectos de erosión.

Esas prácticas son reforzadas por las prácticas del barbecho, el sistema de policultivo y la adopción de normas avanzadas de “trazabilidad”, que permiten la identificación de los productos desde el mismo animal que los originó. Uruguay, que exporta el 75 % de su producción vacuna a 120 países, es pionero en este campo al poner en funcionamiento los “crotales auriculares”, que permiten identificar con precisión el animal de donde procede el producto comercializado.

Esas posibilidades de desarrollo agrícola que presenta la región permite, además de ampliar la oferta de alimentos a escala mundial, reducir las importaciones de alimentos de esos países, situación que es crítica en algunos países de América Central y del Caribe, lo que consume divisas que pudieran dedicarse a educación, vialidad y salud, y empobrece la población, al disparar las cifras de inflación alimentaria, que ocupa una gran parte de los gastos del hogar.

Rafael Cartay/@RafaelCartay

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