El farmacéutico estadounidense John Pemberton pasó su luna de miel en París. Allí probó un vino, el vin Mariani, y quedó encantado con él. Se trataba del vino Mariani, un tónico antidepresivo elaborado con la hoja de coca y vino de Burdeos, inventado por el corso Ange-François Mariani en 1863.

Ese vin Mariani era famoso porque era la bebida favorita de muchos notables de la época:

Ecritores como Julio Verne, Emilio Zola, Alejandro Dumas; y personalidades como la reina Victoria, el rey Alfonso XIII de España, el Sha de Persia y William McKinley, presidente de Estados Unidos. Incluso los Papas León XIII y Pío X, eran fieles consumidores. Pemberton, al no más llegar a su botica, en Atlanta, comenzó a hacer experimentos para imitar aquel vino tan delicioso.

Pemberton no lo logró, pero creó en 1884 una mezcla, llamada originalmente Pemberton´s French Wine Coca, que más tarde se convirtió en la bebida más globalizada que existe: la Coca Cola, que mezcla sabores de dos poderosas plantas: la coca, producida en los países andinos desde tiempos prehispánicos (inclusive en el territorio que hoy es Venezuela, donde se le conocía como “hayo”. He visto los reportes de exportaciones de Venezuela de principios del siglo XIX donde aparecen cargas pequeñas de hojas de coca enviadas a Europa), y la cola nítida o cola nut. Doce años después, en 1898, en Carolina del Norte fue creada otra bebida, combinando soda (agua con gas de dióxido de carbono) con pepsina, de donde viene el nombre de esa gaseosa que fue registrada en 1903 con el nombre de Pepsi Cola.

Dos cosas antes de que se olviden

La primera es que esas dos grandes empresas multinacionales no inventaron la bebida gaseosa, cuya fabricación comenzó en 1832 en Nueva York. Ese año, el estadounidense John Mattews inventó un aparato para mezclar agua con gas de dióxido de carbono y nació la soda. Lo demás fue como soplar y hacer botellas, pues a la soda se le agregaron muchos sabores, y nacieron las populares gaseosas, y los lugares donde se expedían al público: las fuentes de soda.

Por ejemplo, en 1929 se creó una soda con sabor a limón y nació la popular Seven Up (7up). La segunda es que la Coca Cola en sus inicios si tenía cocaína, en muy pequeñas dosis, que producían cierta excitación del sistema nervioso central. Pero, en 1904, fue eliminado el empleo de la hoja de coca con todos sus alcaloides para la elaboración de la gaseosa. Sólo quedó la hoja de coca descocainizada para dar sabor a la bebida y el diseño original de la botella, que, combinando la forma estilizada del cuerpo de una mujer desnuda y la forma de la hoja de la planta de coca, enviaba un mensaje subliminal a los consumidores.

En el libro de Gary Reagan titulado The Joy of Mixology (New York, 2003)

Se menciona un singular, y potente (no le quepa la menor duda) coctel, que se elaboraba en los bares de Nueva York a finales de la década de 1800. Costaba seis centavos de dólar la copa, no tenía nombre, pero era inolvidable por la enorme resaca que producía. Se trataba de una mezcla de ron, whiskey, cocaína, entre otros ingredientes. No se alarme con las fechas, pues la costumbre de beber cocteles ya existía en Estados Unidos en 1776, en tiempos de su independencia.

Este poderoso coctel, vin Mariani, no fue el único que contenía coca. José Antonio Schiaffino, en un bello y muy bien documentado libro sobre cocteles, señala que era frecuente encontrar a la cocaína como ingrediente de cocteles hasta junio de 1906, cuando entró en vigor la Food and Drug Act en Estados Unidos.

Rafael Cartay/@RafaelCartay

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