Hákarl
Una vez curada, la carne de tiburón se corta en cubos

En la fría y remota Islandia, en la zona más nórdica de Europa, la gastronomía es variada y peculiar. Entre todos sus platos locales, resalta el hákarl, una curiosa, y peligrosa, preparación a base de tiburón.

En esencia, es un plato particular por su principal ingrediente, que puede ser carne de tiburón peregrino o de Groenlandia. Por las características del animal, esta carne tiende a ser muy tóxica por el alto contenido de urea, que hace peligroso su consumo sin los cuidados necesarios.

Es considerado una delicia en el país

Según se dice, el origen de este alimento, considerado una delicia en algunas regiones de la nación isleña, se remonta a la época de los guerreros vikingos, quienes adoraban los sabores fuertes y marcados de la carne de tiburón. Se cuenta que los cazaban con el fin de eliminar peligros del mar y aprovechar la grasa de los animales para alimentarse y otros fines.

En tiempos antiguos, los islandeses simplemente dejaban podrir el insumo hasta que desaparecieran las toxinas. Con el tiempo, los procesos se fueron refinando para hacer menos riesgoso su consumo, aunque sin eliminar sus fuertes características que pueden llegar a recordar al olor del amoníaco.

Un fuerte bocado

El insumo se deja curando hasta por cuatro meses

Una vez capturado el tiburón, se le retiran las tripas y la carne del interior, dejando solo la capa externa. Esta se corta en trozos y se lleva a salones dedicados a la preparación de hákarl donde se dejan curando por tres o cuatro meses.

Finalmente, se corta en cubos y se sirve solo o acompañado con pan y un buen vaso de brennivín, bebida espirituosa típica de Islandia a base de papas fermentadas.

Es una preparación no apta para cualquiera, incluso algunos lugareños se abstienen de consumirla. Sin embargo, los conocedores refieren que, para conocer el verdadero espíritu de la nación, hay que probarla. Algunos turistas afirman que el sabor es similar al de quesos con grandes períodos de añejamiento.

Pese a todo, el hákarl seguirá siendo considerado una delicia entre los nórdicos, quienes incluso pueden encontrarlo empaquetado en sus supermercados.

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