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Por todas partes, revistas, libros e internet, aparecen informes que hablan sobre los extraordinarios beneficios del consumo de café para la salud o sobre los efectos perjudiciales de tomarlo. Lo que ha dejado atrás tanta información contradictoria, a veces no sustentada por estudios experimentales de los especialistas, es una enorme confusión en la que se enfrentan amantes y enemigos del café sin que aparezca ninguna luz que aclare el panorama.

En medio de tanta información, hay tres estudios que, por su enorme cobertura en cuanto a las personas observadas y la duración de la investigación que excede a la década de observaciones médicas, merecen que usted, si tiene algún interés en el tema, le preste un poco de atención.

Estudios del café

Uno de ellos se realizó en Alemania, conducido por la Universidad de Kaiserslautern, y publicado en el European Journal of Nutrition. Se realizó con 84 personas con hábitos saludables (no fumaban, no consumían alcohol ni drogas y hacían ejercicio físico con regularidad). Se utilizaron dos grupos de participantes: uno, el de control, que sólo tomaba agua, y otro, que tomaba cada día tres tazas de café negro arábica, endulzado, si era el caso, con una cucharadita de azúcar como máximo. Se midieron, en ese experimento, las roturas espontáneas de las cadenas de ADN de los leucocitos de su sangre (todos tenían, antes del experimento, igual número de roturas en su ADN).

Esas roturas son normales, y el cuerpo las repara. Pero si no lo hace, se producen mutaciones indeseables que pueden acelerar procesos cancerígenos y el envejecimiento celular. Cuatro semanas después se estableció que las personas que tomaron agua aumentaron ligeramente sus roturas, mientras que disminuyeron entre las que tomaron café. Al final del experimento, las diferencias en promedio entre los dos grupos era de un 27 por ciento.

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Más estudios

Otro experimentado, realizado en 2006 en la Universidad de Harvard, y publicado por la American Heart Association, estudió los efectos del consumo de café sobre 128.000 personas durante veinte años. Ese estudio encontró que un alto consumo de café, más de cuatro tazas al día (600 ml), aumentaba las posibilidades de riesgo coronario en personas que fumaban y/o bebían alcohol en exceso y no practicaban ejercicio físico con regularidad.

Otro estudio, realizado en 2004 y publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, encontró que el consumo excesivo de café, más de cuatro tazas al día, está asociado al aumento de procesos inflamatorios en el sistema cardiovascular, y que el consumo de café sólo ayuda al corazón cuando es igual o inferior a tres tazas al día. No obstante, un estudio realizado durante doce años por investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública de Helsinki, Finlandia, encontró una relación directa entre el consumo de café y la tendencia a la disminución del riesgo de la aparición de Diabetes tipo II.

Los beneficios de una taza de café

Al parecer, según lo que he leído, el consumo moderado de no más de dos tazas de café negro al día (cada taza contiene un promedio de 100 mg de cafeína, un alcaloide), manteniéndose por debajo del nivel de la adicción, puede tener, para la mayoría de los adultos (el café es desaconsejado para los niños), efectos benéficos para mejorar el rendimiento cognitivo y la memoria a corto plazo (memoria de trabajo), atenuar dolores de cabeza y dolencias asmáticas, y reducir en alguna medida el riesgo de aparición de males de Alzheimer, Parkinson y gota.

Al parecer, incluso en el caso del consumo de café, la moderación es la norma que permite gozar del placer de tomar una tacita de café en amena charla y  buena compañía, sin tener que sufrir el malestar propiciado por un consumo exagerado. Como dice el refrán popular: ni tan calvo ni con dos pelucas.

Rafael Cartay/@RafaelCartay

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