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Una práctica alimentaria inusual es la de comer tierra, que los especialistas llaman geofagia, de geo, tierra, y phagein, comer, que consiste en el apetito involuntario por sustancias aparentemente no nutritivas, como tierra, arena. De una manera extensa, se trata de una especie de perversión del gusto que lleva a ciertas personas a consumir alimentos no habituales como tierra, arcilla, jabón, pintura, tiza, y más corrientemente hielo. Algunos la asocian a una enfermedad conocida como pica, que en lenguaje médico denominan DMS. Afecta en especial a niños y mujeres, generalmente embarazadas, y la asocian, en los casos extremos, con ciertos desórdenes mentales.

La práctica de comer arcilla viene, sin embargo, desde tiempos remotos, probablemente desde la prehistoria, cuando se utilizaba, y aún se utiliza en muchas regiones, como desparasitante, desintoxicante, depurativo y antiinflamatorio, y aún para complementar una dieta que conocía muchos altibajos en el alba de la historia, en la época del nomadismo.

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Si la arcilla se consume en polvo, diluida en agua, no resulta agresiva al organismo, y su consumo puede considerarse inocuo. 

Aporta, sin embargo, algunos minerales al organismo, tales como sílice, magnesio, calcio, sodio, manganeso, hierro, potasio y zinc, por lo que los médicos de la antigua Grecia (Hipócrates, Dioscórides, Galeno, etc.) la recomendaban en caso de debilidad orgánica. Su consumo moderno comenzó a popularizarse por la prédica del abate Sebastián Kneipp, que luego desarrolló Adolph Just en 1896, al crear un sanatorio donde se aplicaba la arcilla de manera tópica y sistémica.

Esa práctica, sin embargo, era corriente en algunas poblaciones de la costa marítima venezolana hacia el siglo XVII, tal como lo señala el arqueólogo J.M. Cruxent, que la reporta en sus escritos, señalando que las mujeres españolas radicadas en Coro tenían la costumbre de comerse los platos delgados hecho de arcilla a manera de galletas. No olvidemos que los grupos indígenas de la región, como los caquetíos, elaboraban platos y vasijas de arcilla como utensilios para sus actividades culinarias. Por ellos, los colonizadores españoles conocieron esos utensilios y los modificaron, haciéndolos más resistentes al calor del fuego en el fogón.

Rafael Cartay

@RafaelCartay

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