St. Moritz
La empresa elabora tres tipos de chocolate: con leche, blanco y better / Foto: Cocina y Vino

Hacía pocas semanas que había comenzado 1989 y Venezuela vivía momentos tensos política, económica y socialmente. En ese marco, en la feria del caraqueño Centro Ciudad Comercial Tamanaco abría un pequeño kiosco de bombonería y figuras de chocolate, algunas con letras y mensaje de amor, bajo la marca St. Moritz.

Era un nombre que le pareció bonito y le recordaba a Suiza al economista David Epelbaum, nacido en 1935 en Nueva York, pero que decidió adquirir el gentilicio venezolano cuando se instaló en el país en 1960. Venía de una familia de padres judíos, que emigraron en 1934 de Brest–Litovsk, un histórico pueblo entre Rusia y Polonia, que ahora se llama Brest y pertenece a Bielorrusia. Ese lugar fue escenario del pacto entre Lenin y el Kraiser, en la I Guerra Mundial, y de la primera batalla de la Operación Barbarroja, en la segunda conflagración.

St. Moritz
Hace 30 años iniciaron en el rubro con bombones, figuras y letras. Todavía las mantienen

Con su naciente negocio, Epelbaum se proponía fabricar su propia línea de bombones elaborados con buen cacao venezolano. Era su nueva apuesta, tras la exitosa experiencia adquirida en sus cadenas de comida rápida Tropiburger, Pizza King y Mr. Donuts.

De esta manera, dio sus primeros pasos en el rubro del chocolate. Una empleada comenzó a elaborar los productos de manera artesanal, pero luego la demanda fue creciendo y con ello la operatividad. Contrató más personal y las operaciones se trasladaron a una pequeña fábrica de 600 metros cuadrados. Más tarde abrió sucursales en el Centro Plaza y el Centro Comercial Chacaíto.

De aquellos inicios han pasado 30 años. Y aunque ya no está el señor David, su hijo, Howard Epelbaum, preside una empresa ya consolidada en el mercado nacional. Es la segunda marca en el segmento de tabletas y la tercera en el general de chocolates, tal como precisa Cristóbal Suárez, gerente general de St. Moritz.

Con identidad propia

St. Moritz
En la fábrica también hacen gotas y lluvias de chocolate que son utilizados para repostería / Foto: Cocina y Vino

La oferta de productos de St. Motitz es bastante amplia, a pesar de que sigue manteniendo sus tradicionales figuras y letras que expresan dulces sentimientos, además de sus clásicos bombones de chocolate con leche, blanco y oscuro, con rellenos surtidos. “Hoy se sigue vendiendo a granel, en pasteleras de 235 unidades para bodas, aquí en la fábrica”, destaca.

También señala Suárez: “Nosotros compramos la manteca, el polvo y el licor a procesadores de cacao para hacer nuestro chocolate, que entra en unas refinadoras con los distintos ingredientes para su elaboración. Al obtenerlo, se decide qué hacer: moldear tabletas y bombones, cubrir, grajear o procesarlo para untar o rellenar”.

Cocina y Vino recorrió el corazón de esta empresa de la mano de Néstor Noguera, gerente de Manufactura. La fábrica, en la zona industrial de Palo Verde, cuenta con seis mil metros cuadrados. Allí hay cerca de 120 trabajadores directos en la línea de producción, en dos turnos y medio. Se observan empleados generacionalmente distintos. Desde quienes tienen meses de servicio, hasta con más de una y dos décadas.

Manual y automatizado

St. Moritz
El proceso de empacado y relleno de bombones se hace totalmente de manera manual

El centro de producción de St. Moritz es de cuatro pisos, en donde se encuentran las diferentes etapas para hacer los productos semi terminados y terminados. Por todos lados huele a chocolate. Ellos hacen el suyo con cacao del estado Miranda, específicamente de Barlovento, así como también de las costas de Aragua.

Casi todo es automatizado. Hay procesos manuales, como el empacado, y los bombones, que se rellenan uno por uno. Comenzamos por el último piso. Es el área de refinación, donde se prepara la materia prima de las mezclas para empezar a hacer los distintos chocolates y coberturas.

St. Moritz
Flaquito es el producto bandera de la empresa. En 2020 cumple dos décadas desde que salió al mercado

En ese lugar, entre otras, está el área de hornos para las galletas de su producto estrella: Flaquito, una crujiente barquillita rellena con crema de avellanas y cubierta con una capa de chocolate de leche. “El año que viene cumple 20 años. Desde noviembre de 2018 se vende en Colombia y representa el 95% de la exportación de la empresa”, afirma Cristóbal Suárez.

En el piso tres nos conseguimos con la producción de gotas de chocolate, relleno y recubrimiento de Flaquito, e igualmente la zona de empaque de las lluvias de chocolate y la de grajeados (manual y automática). En el nivel dos es la zona de moldeo y empaque de tabletas, bombones y chupetas.

75 referencias

St. Moritz
En la línea de producción de sus distintos productos están casi 120 trabajadores

En St. Moritz hacen chocolate con leche, blanco y bitter, este último en tres tipos: 56%, 70% y 72,5% de cacao. También elaboran de leche y bitter sin azúcar (endulzado con sucralosa), untables y malteados.

El 40% del negocio es industrial, ya que fabrica, aparte de chocolates, lluvias, chispas y coberturas. La segunda línea es Flaquito como marca y la tercera es un producto masivo, que no sacrifica calidad, llamado Stadium, una tabletica de chocolate con leche de 25 gramos.

Entre sus otros productos -son 75 referencias- están sus grajeados con frutos secos, distintas tabletas, ya sean como golosinas, para repostería, de taza, chocolates con trozos de galletas y bomboneras.

Suárez adelanta que para octubre saldrá a la venta la línea navideña. En ella figuran el pandoro, el panettone con extra de chocolate, los turrones y otros de sus productos emblemas con diseños de la época decembrina: las chupetas, grajeados, los flaquitos (el de capa de chocolate de leche y el nevado con chocolate blanco). También está por salir, en las próximas semanas, la nueva imagen de las bomboneras.

St. Moritz
La marca tiene dos turrones: chocolate blanco y con leche, y el panettone salen a la venta desde octubre

Por una buena causa

Como parte de su responsabilidad social, St. Mortiz dona el chocolate con el que se elaboran las galletas artesanales de mantequilla Tiki Ticas, de Fundana, fundación que da atención a niños abandonados y maltratados. “También nosotros las buscamos y hacemos la distribución nacional, sin costo alguno, para recaudar fondos destinados a las Villas Los Chiquitos”, manifiesta el gerente general.

Una tableta de lujo

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Esta edición especial mezcla dos tipos de cacao: Sur del Lago y Ocumare

Para celebrar sus 30 años, la marca sacó una fina y exquisita tableta con 72,5% de cacao de dos tipos: Sur del Lago, que le aporta toques a papelón, malta y miel; y Ocumare, en el que predominan notas florales y frutales, con algo de nuez.

Para Cristóbal Suárez, “esta mezcla inédita genera al probarla diferentes sensaciones y la convierte en una joya única, llena de sabores para los paladares más exigentes, especialmente para los amantes del chocolate negro”.

Esta edición especial de 100 gramos, estará a la venta antes de que termine el año. Elaboraron cerca de cien mil unidades y todo su proceso es manual. Viene envuelta en un material laminado sin impresión, y colocada en un estuche elegante y desplegable. “Es un producto premium, pero no deja de ser accesible. Tiene cualidades para participar en concursos internacionales”, asegura.

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