Chivito al pan
Foto vía: 123rf

Si de algo están orgullosos los uruguayos es de su fútbol y su gastronomía. De esta última, después del asado, el plato más emblemático es el chivito, ese sándwich untado con mantequilla, relleno de capas de bistec a la parrilla, jamón, queso derretido, tomates, huevo, lechuga y mayonesa, con más de 70 años.

Este poderoso tentempié, que tiene varias versiones, es una de las comidas que se puede atribuir a los uruguayos, debido a que su origen fue plasmado por la prensa en su momento.

El chivito fue creado por Antonio Carbonaro -falleció en 2003 a los 87 años-, propietario del desaparecido Mejillón Bar, en el balneario de Punta del Este. Estaba ubicado estratégicamente entre dos casinos. Abría las 24 horas, ningún otro de la zona lo hacía.

Retrato de su creador Antonio Carbonaro, en 1944 / Foto vía: Armando Olveira – blogspot

Una madrugada apareció una turista hambrienta preguntando si había carne de chivo. Su dueño, a pesar de que no tenía, la atendió, le preparó un plato rápido, y ella quedó encantada.

En ese sentido, don Antonio en una entrevista al diario El Correo de la ciudad peninsular, expresó: “Fue una noche complicada. Habíamos sufrido un apagón y cayó una clienta argentina, que pidió carne de chivito, porque antes de llegar a Punta del Este había pasado por Córdoba, donde la había probado y le había gustado mucho. Como no teníamos le preparamos un pan tostado con manteca, le agregamos una feta de jamón y un churrasquito de lomo jugoso. La mujer quedó fascinada. No íbamos a dejar que se vaya del restaurante sin ser atendida. Por suerte, salimos del apuro y, sin querer, inventamos el chivito”.

Orgullo de un país

Mejillón Bar, el restaurante de Punta del Este que creó uno de los platos tradicionales de los uruguayos / Foto vía: Infobae

En algunos portales se dice que la creación surgió el 31 de diciembre de 1944; sin embargo, Alejandro Sequera y Armando Olivera, autores del libro Chivito. El rey de los sándwiches de carne (2014), aseguran que fue durante una madrugada invernal en julio de 1946. Esa sería la exacta, ya que su publicación cuenta la historia del plato, de su creador y hay una exhaustiva investigación documentada.

Sea una fecha o la otra, la anécdota es real, con más de siete décadas. En el capítulo dos de ese libro, testigos cuentan que la clienta disfrutó tanto ese inusual sándwich, lleno de sabor y textura, que pidió dos más. “Cuando se retiraba satisfecha y convencida, prometió que iba a recomendar a sus amigos tan placentera experiencia. A lo que Antonio Carbonaro le comentó a sus trabajadores: ‘Muchachos, ¿ven esa puerta? Por allí van a pasar multitudes que consumirán nuestro sanguchito, y lo veremos, será el plato típico de Punta del Este y por qué no del país’”, cita.

Y así fue, su creador no se equivocó. El chivito pasó a formar parte de su menú y su éxito fue de tal magnitud, que su restaurante Mejillón Bar llegaba a vender mil por día, sí, así como lo lee, mil unidades diarias. Incluso, dos carnicerías de la zona se llegaron a dedicar exclusivamente a abastecerlo de carne.

A pesar de que ese famoso plato no fue patentado, hasta el último día de vida de Carbonaro, nadie le discutió ni se apropió de su “invento”. Con el boom y pasado el tiempo, se masificó por todo el país y surgieron versiones a la receta original, con acompañamiento de papas fritas o ensalada rusa. Nunca las vio como una evolución al creado por él.

El favorito de Anthony Bourdain

Anthony Bourdain
Anthony Bourdain durante su última visita a Uruguay, en noviembre de 2017 / Foto vía: explorepartsunknown

El chef, escritor y presentador de televisión estadounidense Anthony Bourdain, quien falleció a los 61 años el 8 de junio de 2018, tras suicidarse en Francia, tuvo más que elogios para este emblema de la comida uruguaya.

Durante su primer viaje al país sureño -en 2008- dejó claro en su programa Sin Reservas que transmitía el canal Discovery Travel & Living, que el chivito es “el Titanic y el Everest” de los sándwiches de carne.

Pero al año siguiente, cuando realizó una segunda visita a Montevideo, fue mucho más contundente. “Es mejor que mi venerado y mil veces descrito sándwich de pastrami de Nueva York, y que el de mortadela y queso del mercado de Sao Paulo, Brasil. De verdad, el chivito es demasiado bueno para ser cierto, es casi imposible de comer de lo alto que es. Además, la idea de juntar carne, panceta (tocineta), jamón y queso en un mismo bocado, sin contar con todo lo demás que puede contener, es increíble. Es más, en Estados Unidos serías arrestado por sólo osar comer una cosa como ésta. Para mí, cualquier país que abrace a este sándwich como nacional es genial”, lo cita el periodista uruguayo Armando Olvera Ramos, en una de sus Crónicas Migrantes.

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