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Duquesa Cayetana de Alba | Foto: Abc.es

Cayetana Fitz-James Stuart, mejor conocida como Cayetana de Alba, fue una mujer de carácter que no se dejó llevar por una vida corriente y cotidiana. La duquesa de Alba vivió entre villas y palacios, ostentó 45 títulos nobiliarios y más de 30 apellidos; sin embargo, a pesar de los lujos y excentricidades, Cayetana disfrutaba de su cocina, un espacio donde podía ser ella misma y disfrutar platillos tradicionales.

La afición de Cayetana por el mundo culinario

Cayetana nunca se dejó seducir por el aroma del café, ni los beneficios de una taza de ; sus papilas gustativas estaban acostumbradas a tomar diariamente jugo de lima. La duquesa pocas veces cocinó por sí misma, pero disfrutó creando diferentes menús que luego pasaba a sus chefs, para que lo cocinaran.

En la despensa de la Duquesa no podía faltar el azúcar de caña integral, la cebolla y ajo. Le gustaban las hierbas que crecían armónicamente en su jardín como el orégano, el perejil y las fragantes hojas de laurel.

Cayetana desayunaba tortilla de papas y los domingos su alimento mañanero eran los churros. La Duquesa consumía pocas carnes rojas y el almuerzo, una de las comidas más importantes, venía agasajado por un banquete de arroces (paella, a la cubana, con verduras a la plancha o mariscos) con pescados y ensaladas. Cayetana, o Tana como le decía su madre, nunca rechazó un plato de pasta con atún o almejas.

La Duquesa de Alba deliraba por un postre tradicional de la repostería andaluza: el acaramelado tocinillo de cielo y, también sucumbía, por los suaves pasteles de leche condensada.

Cuando sus seis hijos eran pequeños los mimaba con buñuelos de merluza, hamburguesas de salmón, tarta de queso y cuando tenían un comportamiento verdaderamente ejemplar, los premiaba con brownies de chocolate y frambuesa.

Cayetana de Alba, quien vivió 88 años, supo gozar de los placeres y complacientes emociones de la buena cocina.

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