Parchita

Hoy, para dar inicio a lo que serán mis reflexiones en torno a mi oficio en Cocina y Vino, quisiera partir del concepto de sensualidad -“cualidad de una persona que provoca atracción o reacción emocional de otra”- y de cómo esta atracción entra a través de los sentidos para establecer un paralelismo con la comida y con lo que se suele llamar ‘cocina afrodisíaca’. Al cierre les ofrezco mi receta de un postre que resume todo lo que iré comentándoles.

En principio, sabemos que a través de la vista vemos la luz que irradia la persona que nos atrae, el color de sus ojos, las líneas que definen su cuerpo, la manera de moverse. Mediante el oído percibimos el tono y el timbre de su voz y las palabras que estimulan el deseo. El olor del cuerpo, por otra parte, penetra por medio del nervio olfatorio y con el sentido del gusto saboreamos la dulzura de un beso. Finalmente, gracias a la piel y al sentido del tacto damos rienda suelta a la imaginación para un intercambio de amor, emoción y placer.

De igual manera podemos hacer un símil con la comida, que nos provoca reacciones emocionales percibidas a través de los sentidos: por la vista nos percatamos de la suculencia de los alimentos, de sus contrastes de colores, lo que nos exporta al deseo de probarlos. Por los oídos, captamos los sonidos de esos alimentos al momento de cocinarlos, y a través del olfato advertimos esa sinfonía de aromas que estimulan al gusto preparándolo, a través del retrogusto, para el momento de tenerlos en boca donde se expresan al máximo sus sabores y las armonías entre los diferentes ingredientes. Por el tacto, igualmente, percibimos las delicadas texturas y sensaciones que seducen a la imaginación.

Al conjugar la atracción personal con estas sensaciones generadas al instante de preparar un plato -más si es para una persona que nos gusta o sentimos carga emocional por ella-, este se hace aún mas provocativo, subjetivo y sensual. Atraer a una persona por medio de la comida es todo un arte y debemos poner en práctica el potencial de los productos a usar y el nuestro para cocinarlos.

El arte de seducir en la mesa

En la Edad Media los europeos practicaban la cocina afrodisíaca, a la que incorporaron numerosas especias que los caballeros cruzados habían probado en lejanos países

La sensualidad tiene dos fuentes: una interior y otra externa. El poder sensual interior proviene de los pensamientos, de la energía sexual, de los sentimientos y del magnetismo personal; es decir, de la personalidad. Y el poder sensual externo viene de los estímulos, del entorno.

Esa sensualidad interna nos lleva a escoger los mejores productos para despertar emociones y sensaciones, sabores celestiales, colores atractivos y estimulantes, texturas que provocan y evocan pensamientos manifiestos en momentos gratificantes, que quedan en memorias irrevocables. También ayuda a preparar el ambiente que será testigo de las expresiones de ese magnetismo que conduce, sutilmente, a desencadenar emociones y sentimientos al degustar y compartir los platos que han sido cuidadosamente diseñados para la ocasión con los productos adecuados para seducir.

Estas prácticas de ‘cocinas afrodisíacas’, sensuales, emocionales, son de larga data. En la Edad Media los europeos practicaban este tipo de cocina, a la que incorporaron especias como pimienta, canela, nuez moscada, jengibre, menta, entre otras, que los caballeros cruzados habían probado en lejanos países. Hoy día hablamos de otros productos como parchita o fruta de la pasión, los frutos del mar, la fresa o el aguacate… Podríamos llenar varias páginas con estos productos.

Los griegos aplicaban estas técnicas en su cocina para seducir y transportarse a delirantes sensaciones. En las historias de la mitología griega se cuenta que la diosa Afrodita sabía preparar filtros de amor y mezclar pócimas para que sus amantes llegasen hasta el delirio. Hoy, toda esta tradición sigue viva y se puede hablar de una ‘cocina afrodisíaca’.

Y para hacer honor a esta tendencia y a uno de esos productos que logran seducir con sus sugerentes sabores, les dejo esta receta de una mousse de parchita deliciosa, refrescante y muy excitante.

Mousse de parchita

Mousse de parchita Algo en mi cocina

Ingredientes

  • 1 taza de jugo concentrado de parchita
  • 3 cucharadas de gelatina sin sabor
  • 3 claras de huevo
  • 1 taza de azúcar
  • 1/2 taza de leche condensada

Preparación

Puedes extraer el concentrado de dos kilogramos de parchita, aproximadamente; solo coloca las semillas en un colador y presiona para extraer el zumo sin agregar agua. En una taza con un poquito de concentrado de parchita disuelve la gelatina.

En una olla coloca el resto de concentrado con el azúcar y lleva al fuego hasta que espese ligeramente. Luego retíralo del fuego, agrégale la gelatina ya disuelta y deja enfriar la preparación.

Bate las tres claras de huevo a punto de nieve, agrégale la mezcla anterior ya fría, y sigue batiendo mientras le añades la leche condensada. Después que estén bien mezclados todos los ingredientes, coloca la preparación en un molde y refrigera hasta que cuaje.

Puedes servir cubriendo la parte superior con un poco almíbar de parchita, para ayudar a la decoración.

Y ya sabes: si quieres despertar sensaciones, emociones, momentos llenos de magia y memorias inolvidables, ahora conoces dónde empieza la seducción.

Hasta la próxima, @yelicocinera.

* Yelitza Acosta es ingeniero forestal U.L.A, Chef Educator (Certificada por el Foro Panamericano de Asociaciones  Culinarias de  las Américas), productora y conductora del programa de radio “Estilo Gourmet” 92.7 fm. Directora y propietaria de la escuela de cocina IPG (Instituto Profesional de Gastronomía y Hotelería de Oriente) en Maturín, Monagas.

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