Foto: 123rf

La sopa constituyó un capítulo memorable en la historia de la gastronomía moderna, aunque no fue el primer plato en la comida habitual de los seres humanos en su proceso evolutivo, tras inventarse la cocina rudimentaria de nuestros antepasados más remotos.

Al utilizarse por primera vez el fuego en sus aplicaciones culinarias, nació primero, como se sabe, el asado. Y después, cuando se hubo inventado un plato hondo de barro, en correspondencia con un cierto desarrollo de la cerámica, vino la sopa. El refinamiento del consumo de sopa vino mucho más tarde cuando se inventó la cuchara tal como hoy la conocemos, un pequeño recipiente dotado de un mango para asirlo.

La aparición de la olla, del plato hondo y de la cuchara jugó un papel crucial en el nacimiento de la sopa

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Al principio, cuando el hombre era nómada,  recolector y cazador, era mayormente un consumidor herbívoro, que se alimentaba de partes comestibles de las plantas, en estado crudo: hojas tiernas, raíces, semillas, frutas y, de vez en cuando, con carne de animales muertos o carroña. Para hacerlo de esa manera, no se necesitaba la acción del fuego para transformar la textura y el sabor de los alimentos.

Pero, más adelante, cuando se produjo la domesticación del fuego, y fue aplicado a la transformación de los alimentos, cambiaron muchas cosas en la vida de los hombres. Una de ellas, la más importante, fue que se inició la cocina, es decir, la aplicación del calor, proveniente al principio del fuego, para transformar los ingredientes en preparaciones que se podían comer y beber, tras haber modificado su apariencia, gusto, olor, color y textura. Esa transformación se hacía, como en toda cocina, no importa que sea una cocina muy elemental, valiéndose de utensilios y de procedimientos de cocción y de conservación adecuados.

Entre los utensilios tenemos las ollas y otros recipientes, así como los cuchillos y demás cubiertos

El cuchillo servía, por ejemplo, para cortar los alimentos y reducirlos a porciones suficientemente pequeñas, tan pequeñas que pudieran pasar por el esófago humano en el camino hacia el estómago para ser digeridos. Para eso servía también la dentadura, pero los primeros humanos no tenían muelas carniceras, como otros animales, para triturar adecuadamente los alimentos muy duros, como algunas semillas o granos de cereales. Por eso se valió, a falta de una adaptación natural evolutiva, de una adaptación tecnológica: elaboró instrumentos como el cuchillo o un utensilio para moler para cumplir ese objetivo. Así comía.

El ser humano necesita comer y beber

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Bebía agua, el líquido esencial para su vida, inclinando el cuerpo para tomarla directamente en los cuerpos de agua, o recogiéndola en el cuenco de las manos,  o buscándola donde estuviera, en las hojas, por ejemplo, que recogían el rocío. Poco a poco comenzó a valerse de conchas de moluscos o cuerpos de caracoles para recoger el agua. El término “cuchara” viene del latín “cochlea”, que significa concha. Un recipiente sin mango, antecesor primitivo de la cuchara, fue, dicen los especialistas, el primer cubierto de los tres que hoy conocemos.

La cuchara con mango, parecida a la nuestra, nació, aseguran, hacia 3.000 años a.C. en el antiguo Egipto. Antes existía el recipiente cóncavo o cuenco prehistórico, que dio origen a la cuchara, pero que también anunció la olla y el plato hondo, en tiempos diferentes y con evoluciones distintas. El plato hondo, por ejemplo, tuvo antecedentes notables en el fiale o en la pátera romana.

Ahora sí, podemos disfrutar civilizadamente de nuestra sopa.

Rafael Cartay/@RafaelCartay

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