Isabel García Tejerina secretaria general de agricultura del ministerio en lss bodegas Emina, Fran Jiménez.

Uno de los objetivos de esta legislatura de la ministra de Agricultura de España Isabel García Tejerina, según esbozaba en su retoma de posesión, lo constituye “la mejora de la renta agraria, la mejora de los beneficios de la industria y de su competitividad, la creación de más riqueza en el medio rural, más oportunidades y mayor empleo”.

Al margen de los malabarismos que se puedan hacer con la renta agraria y su interpretación por las Unidades de Trabajo Año o de activos, menos renta, pero a repartir entre menos, la realidad es que se trata de uno de los datos que mejor reflejan el comportamiento del sector al haber pasado la misma de una cifra superior a los 26.000 millones de euros hace más de una década, en los años 2003 o 2007, a situarse en la última legislatura en una media de 22.000 millones de euros, pasando de los 22.193 millones en 2012, 23.162 en 2013, 21.808 en 2014 y 22.063 euros en 2015mientras subían los gastos en medios de producción.

Foto: 123rf
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Al hablar de todos esos objetivos

La ministra estaba poniendo sobre la mesa no uno de los objetivos, sino el compromiso de superar todas las carencias o desajustes que han dado lugar a ese deterioro, no solo de las rentas, sino también de ese medio rural en una parte muy importante del territorio, camino de convertirse no en un vivero de empleo, sino en un camposanto.

Al hablar de renta agraria, un primer punto de partida afecta a la capacidad de producción del sector. Aunque todo es mejorable, la realidad es que nos hallamos ante una actividad con mejora muy importante en sus rendimientos por hectárea a pesar, en muchos casos, de las condiciones climatológicas negativas, desde el cereal a la remolacha, olivar y las frutas y hortalizas o en sus mismas estructuras ganaderas intensivas. Existe un mayor recorrido con el impulso de las nuevas tecnologías, pero el problema de las rentas agrarias, más que de volumen de producción, es una cuestión de ingresos y gastos.

Con el esbozo de este objetivo, la ministra estaba asumiendo su compromiso para impulsar, apoyar y mejorar los proceso de comercialización, en unos casos con una responsabilidad en manos de los propios productores para organizarse y ser más protagonistas de los mercados y, en otros, con la necesidad de que desde la propia Administración central o de las comunidades autónomas se activen mecanismos para evitar abusos en la cadena alimentaria, en unos casos desde las industrias y en otros desde la gran distribución, acoso del que también son carne de cañón miles de pequeñas y medianas industrias y, en todo caso, apoyar un mejor comportamiento de los mercados.

En ese objetivo oficial de mejorar la renta agraria

Sigue jugando un papel protagonista el montante de las ayudas comunitarias y los apoyos estatales, más del 28% de la renta agraria, el volumen de la fiscalidad, así como el IVA a pagar por el sector a la hora de adquirir medios de producción indispensables para desarrollar su trabajo. Hablar de mejora de la renta agraria significa finalmente la necesidad de articular una política encaminada a tener una mayor información y control sobre la evolución de los costes de producción en toda la cadena que se han disparado en los últimos años y que van desde las semillas o abonos a la maquinaria, los productos zoo y fitosanitarios, hasta los seguros agrarios en los últimos años mermados de fondos.

Foto: 123rf
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Para la creación de riqueza en el medio rural, desarrollar más oportunidades y crear más empleo en el mismo, es imprescindible el relevo generacional, tener a miles de personas dispuestas a apostar por una forma de vida, jugársela con elevadas inversiones, y eso solo se puede lograr si, además de todas las ayudas comunitarias o nacionales, se dan, en primer lugar, otros factores como la rentabilidad de la actividad, cosa que no se viene produciendo en los últimos años.

Es preciso hacer cuentas y saber si esa renta da para vivir dignamente al agricultor y su familia

En un medio rural donde existen unos mayores gastos y dependencia en todo lo que afecta a la movilidad, especialmente grave para las personas de edad, donde hay una insuficiencia en todo lo que afecta a los servicios, donde los precios pagados por los bienes básicos de consumo por sus habitantes de esos miles de pequeños pueblos son superiores a los abonados por los habitantes de las grandes poblaciones que se benefician de las batallas de precios entre la gran distribución. Y, algo más grave y costoso para las rentas agrarias disponibles de una familia: el coste insostenible de la educación superior de los hijos fuera de casa para los ingresos de una pequeña o mediana explotación con un sistema de becas que penaliza a agricultores y ganaderos.

Mejorar la renta agraria y todo lo demás del medio rural no es uno de los objetivos de Isabel Garcia Tejerina; sería el único y gran objetivo por todo lo que implica para una actividad y un medio que necesitan respuestas globales, en muchos casos, más allá de Atocha. Tal como están las cosas, sería como mirar al sector agrario y al territorio con otros ojos. Es como pedir la luna…

Vidal Maté. @trigolimpio_VM

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