Con la llegada de la Semana Santa, el consumo de pescados y mariscos suele tener mayor demanda. Al comprarlos, debe percatarse de que estén frescos y que su conservación mantenga la temperatura adecuada. Por tanto, es recomendado hacerlo en establecimientos autorizados.
Por ejemplo, para saber si un pescado realmente está en óptimas condiciones, los ojos son clave. Estos deben estar hacia fuera, ser esféricos y las pupilas brillantes y negras.
La piel debe tener un tono ligero a tornasol y estar brillante. Al tocarlo, debe ser un tanto resbaloso, con un poco de mucosidad transparente que quede en los dedos. El olor también es fundamental: si huele mal no se lo lleve.
Pendiente con los mariscos
Con respecto a los mariscos, todo dependerá de cada especie. Lo importante es que los crustáceos tengan el caparazón consistente y fresco, que huelan bien y que la cabeza presente un color un tanto traslúcido.

En relación con los moluscos, es a través de las conchas que podemos precisar si están frescos. Deben estar cerradas. En caso de estar un poco abiertas, las mismas deben cerrarse con facilidad nuevamente. Si las conchas están totalmente abiertas es mejor que las deje.
Si adquiere pulpo, debe fijarse en que su carne esté rosada o blanca, resbaladiza y firme.
Los camarones también suelen ser muy consumidos. Es importante limpiarlos antes de cocinarlos. Debe lavarlos con agua y sacarles con cuidado la corteza. También retirar la línea negra que está en el lomo, que es la tripa. Si no la retira, cambiará el sabor, haciendo que se torne desagradablemente amargo.
Evite intoxicaciones
Los pescados y mariscos deben mantenerse refrigerados hasta el momento de su consumo. El congelado permite disminuir la proliferación de microorganismos que son patógenos para la salud. Cuando descongele un alimento no lo vuelva a congelar, ya que una vez que se pierde la cadena de frío y el mantenerse en temperatura ambiente aumenta la producción de esos microorganismos.
Ahora bien, no olvide que cuando estos alimentos marinos no están frescos y su conservación no es la más adecuada, se pueden producir intoxicaciones. Algunos de sus síntomas son vómitos, diarrea, fiebre, dolores abdominales y decaimiento general. En algunos casos, puede generar ronchas en el cuerpo, enrojecimiento de la cara y el pecho, así como sibilancias al respirar.
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