No hay dudas de que el aceite de oliva es saludable y de que es un alimento/medicina maravilloso. De hecho, muchos estudios han confirmado que entre sus numerosos beneficios está la reducción del riesgo de accidente cerebrovascular y enfermedades cardíacas. Incluso, tiene propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
El aceite de oliva se obtiene del prensado de las aceitunas del olivo. Por lo general, existen dos métodos de prensado: el frío, que consiste simplemente en machacar las aceitunas para producir el aceite sin refinar. Mientras que el prensado, por la acción del calor y la aplicación de otras técnicas, como el uso de conservantes, da como resultado un aceite refinado.
Ahora bien, se vende con diferentes graduaciones para distintos usos. El virgen extra, considerado uno de los mejores, se elabora con aceitunas selectas prensadas en frío, es decir, sin calor ni disolventes químicos. Es de color verde oscuro y constituye la categoría superior, que puede utilizarse en muchas recetas. Se usa principalmente para aderezar ensaladas y aromatizar.
El de oliva puro para cocinar

La categoría inferior, que suele llamarse aceite de oliva puro, es un producto más barato, ligero y más refinado. Por lo general, se emplea más en preparaciones que requieren freír y saltear.
El virgen se hace con aceitunas más maduras y sirve para cocinar y aliñar. El aceite de oliva normal se obtiene del prensado en caliente, a veces con aceitunas que quedan tras elaborar el aceite de oliva virgen extra.
En estos casos, el aceite virgen extra no es necesario y se puede ahorrar usando el aceite puro. Sin embargo, cuando requiera utilizarlo, no escatime en este ingrediente. Modificará el sabor y la textura finales del plato.
De manera tal que, el aceite de oliva extra virgen se considera el más saludable y por ello, contiene mayores concentraciones de antioxidantes que el aceite de oliva refinado.
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