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El papel del café en la literatura

La gastronomía y las bebidas se han abierto paso en el universo literario. Anteriormente ya hemos dedicado un artículo a los cócteles de tres grandes escritores; ahora es el momento de enaltecer el papel que ha jugado el café en la literatura.

Muchos escritores se han declarado adictos al café. Algunos de ellos han decidido beber más café que alcohol, porque la cafeína los ayuda a mantenerse despiertos, a cumplir con las fechas de entrega, y además funciona como un sustituto tramposo del desayuno.

Aunque para muchos parezca trillado, el café y la literatura se han convertido en una suerte de dúo dinámico. El café es el rey de los lugares comunes, en los que observamos a personas que leen o escriben con una taza de café en mano. Y si queremos una imagen más bucólica podemos añadir un ambiente lluvioso y un suave jazz como fondo musical.

Para agrado de algunos, y desagrado de otros, el café juega un papel importante en los momentos de escritura y lectura de muchos. No en vano el papel que juega el café en la literatura y que le han valido un lugar especial en obras de diversos autores.

Es por ello que, a continuación, mencionamos algunos momentos memorables del café en la literatura.

Honoré de Balzac

¿Sabían que Goethe contribuyó a nuestro descubrimiento de la cafeína? El café le gustaba tanto que incluso se interesó en la investigación de sus efectos. Se dice que, en un encuentro con el joven científico Friedlieb Ferdinand Runge, el poeta lo animó a analizar unos granos de café para averiguar sus propiedades. Entonces Runge identificó la cafeína, la descubrió. A ellos dos les debemos el conocimiento de su existencia.

Truman Capote

Capote tenía que escribir recostado y a esta maña agregaba el hábito de fumar y beber café. Y pensar que sólo tenía dos manos. También sabemos que no se limitaba al café: le gustaba el alcohol y lo consumía con frecuencia, pero el café era el punto de partida. “No puedo pensar a menos que esté acostado, ya sea en la cama o en un diván y con un cigarrillo y café a la mano. Tengo que estar chupando y sorbiendo. A medida que avanza la tarde, cambio de café a té de menta y de jerez a martinis. No, no uso máquina de escribir. No al comienzo. Escribo mi primera versión a mano (con lápiz)”, alegaba el autor de ‘A sangre fría’.

K. Rowling

No estamos seguros de sí haya bebido agua o té chai o café durante el proceso; pero se sabe que la Rowling escribió Harry Potter en espacios públicos, uno de ellos el café The Elephant House de Edimburgo… Entonces, es probable que haya sido café. De hecho, en un cartel de su ventana, el establecimiento declara ser «el lugar de nacimiento de Harry Potter».

 

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