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Frijol de Sorana, una maravilla toscana

Pastas, embutidos, pizzas, quesos y tanto más. Italia es cuna de gran infinidad de productos y recetas. Propio de la Toscana, el Fagiolo di Sorana (frijol de sorana), es un insumo muy popular en el país europeo.

Conocidos localmente como piattellino, se trata de un tipo de grano caracterizado por su inconfundible color blanco, aunque existe una variante, menos popular, de tono rojizo. Además, resalta por su forma medianamente aplanada e irregular. Estos frijoles se producen específicamente en la aldea de Sorana, en la provincia de Pistoia, que cuenta con un clima ideal para la producción del rubro.

Fagiolo di Sorana / Frijol de Sorana
Resalta por tener una piel tersa y suave / Foto vía: Pinterest.com

El frijol de sorana ostenta la certificación de Indicación Geográfica Protegida desde 2002. Normalmente, se cultiva en zonas de suelo arenoso y con alturas que oscilan entre los 200 y 800 metros sobre el nivel del mar, condiciones perfectas para su crecimiento.

Se cree que este frijol habría llegado a Roma, capital italiana, a mediados del siglo XVI, proveniente de América y rápidamente se ganó el aprecio en la Toscana. El producto se adaptó rápidamente al suelo italiano y comenzó una relación de amor con el ingrediente, pues muchas son las referencias históricas que se tienen sobre él.

El cultivo del frijol de Sorana es algo sagrado para los habitantes de la aldea. El proceso comienza durante la última luna de mayo, donde se plantan las semillas y se dejan crecer hasta agosto o septiembre, momento cuando se realiza la recolección manualmente.

Posteriormente, los granos se almacenan durante el invierno en recipientes especiales, donde se dejan secar junto a hojas de laurel y pimienta, entre otras especias.

Delicia italiana

Fagiolo di Sorana / Frijol de Sorana
Se cultiva desde hace siglos en la región / Foto vía: TheInternationalKitchen.com

El piattellino, tanto en su variante blanca como la roja (que es un poco más grande), es considerado una joya gastronómica. Además de ser muy bueno nutricionalmente, sus productores resaltan que su “particularidad más grande se da en el paladar”. “El grano, tierno y delicado, tiene una piel fina y tersa que, tras una cocción adecuada, se vuelve imperceptible y se funde por completo con el interior”, cita el portal web oficial del producto. Asimismo, añaden que aporta mucha energía y es fácil de digerir.

Con un sabor que recuerda a las castañas y los piñones, los más conservadores invitan a probarlo sin muchos añadidos. En Italia se suelen remojar por 12 horas, para luego cocerlos en agua hasta que se suavicen y aderezarlos con aceite de oliva y un poco de pimienta. Aunque también es útil para más recetas.

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