El jugo de curuba, un jugo casi olvidado

Foto: 123rf

En Venezuela hay dos variedades de curuba (Passiflora mixta y P. mollissima), una passiflorácea, pariente de la parchita, que se encuentra con alguna dificultad, y es una lástima, en los mercados merideños y tachirenses, y con la cual se elabora un delicioso jugo, que era muy popular hasta hace poco tiempo.

La curuba es una planta originaria de las tierras altas de América del Sur, propia de los climas fríos, muy parecida a las demás parchas y parchitas, de las que difiere por la forma tubular de su corola. Aparece como una enredadera de bejucos largos, que se cultiva de manera muy limitada en todos los países andinos, desde Venezuela hasta Bolivia, creciendo entre 1.200 y 3.000 metros sobre el nivel del mar, donde se le conoce también como tacso. Su cultivo ha alcanzado cierta importancia en Colombia, que ha llegado a exportarla. En Venezuela se da en las tierras altas de los estados andinos y en la Colonia Tovar, en el estado Aragua. Difundida en otros países, constituye una fruta muy apreciada en Australia, Nueva Zelanda y Hawai.

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La fruta, descrita por los esposos Boza-Valery, en su imprescindible Plantas Alimenticias de Venezuela, es oviforme u oblonga, rugosa y de color verde o amarillo. En su interior hay numerosas semillas rodeadas de una pulpa acuosa, de sabor ácido y con mucho aroma.

El valor nutricional de la pulpa es particularmente rico en niacina, con contenidos moderados de vitamina A y C.

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La pulpa de la curuba se come frescao es utilizada para hacer deliciosos jugos, con el añadido de agua y azúcar, considerado, tras colar sus semillas, el más fino entre los jugos de la especie. En algunas partes, se le agrega leche con el propósito de reducir la intensidad de su sabor, servida con el nombre de “sorbete de curuba”. Con su pulpa se hacen también jaleas, mermeladas y helados, y hasta una suerte de vino. Combinada con aguardiente, es la base de un delicado coctel.

Rafael Cartay/@RafaelCartay