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Las dificultades que afrontan las cocineras

Contrario a lo que pudiera creerse, las mujeres están muy alejadas de lo que año tras año se considera dentro de la excelencia gastronómica. Son muy pocas las cocineras que logran hacerse de un nombre respetado, a diferencia de sus pares masculinos, quienes dominan esta área históricamente. En relación con esta realidad, habló una distinguida chef estadounidense. Sara Moulton reveló algunas de los conflictos que afrontan las féminas para surgir en las artes culinarias.

Un mundo machista

Sara Moulton

Moulton, de 65 años de edad, es conocida por sus trabajos para Good Morning America, Food Network y la revista Gourmet, además de ser autora de varios libros de cocina. En una entrevista para Huffington Post, comentó los obstáculos que debe enfrentar una cocinera, desde acoso sexual hasta discriminación.

En sus palabras, la industria de los restaurantes se maneja como “un club de chicos”, donde la mujer tiene poca importancia y nadie se preocupa por cambiar esto. “Estoy cansada de ello”, comenta Moulton, quien narra que desde sus inicios en la gastronomía ha sido víctima de la subestimación de sus capacidades.

Formada en el Culinary Institute of América (CIA) entre 1975 y 1977, desde ese entonces ya comenzaba a percibir lo difícil que sería todo, únicamente por ser mujer: “En todos los niveles oía lo mismo: las mujeres no pertenecen a la cocina. Son demasiado débiles, no soportan el calor ni la presión y no pueden levantar las ollas”. Notaba que esta idea estaba muy arraigada en sus profesores de origen europeo. Sin embargo para la cocinera esto no significó un impedimento sino una motivación. “Voy a mostrarles”, pensaba.

Un momento incómodo

Una vez culminados sus estudios en el CIA, comenzó pasantías profesionales en varios locales. Poco a poco fue escalando posiciones, y llamaba la atención donde fuera que estuviese. Su excelente labor le valió una invitación interesante: el conocido chef francés Maurice Cazalis la convocó para que fuese aprendiz en su restaurante en Chartres.

En primera instancia, la idea pareció no agradarle mucho a Sara: “Ya había sido torturada en la escuela de cocina por estos hombres europeos, que pensaban que las mujeres no tenían lugar en la cocina. Pero ¿qué iba a decir? ¿No? Entonces pensé, qué demonios, puedo hacer esto”.

Notó que era la única mujer aprendiz en el lugar y no dejaron que participara directamente en la cocina del restaurante. Aunque considera que esto fue positivo porque le permitió aprender otros aspectos, piensa que era una manera de disminuirla. Moulton empezó a percibir ciertos comportamientos extraños por parte de Cazalis: “Probablemente pensó que podía hacer lo que quisiera conmigo”.

Tiempo después, el chef la invitó a un viaje nocturno a París. La intención era llevarla a conocer el Palais de l’Élysée, equivalente a la Casa Blanca. Durante el trayecto, Maurice colocó su mano sobre el muslo de la cocinera. Además de indicarle que compartirían habitación en camas separadas. Narra que durante la cena realizó comentarios sugerentes como “los hombres franceses somos muy buenos amantes”, a los cuales ella respondía con preguntas para evadir el tema.

Al regresar a su país natal, Moulton le contó su vivencia a su amiga Julia Child, y esta respondió: “Oh, cariño, ¿qué esperabas? Todos son así. Supera eso”.

Por el bien de las cocineras

Sara Moulton

La chef dice que espera salgan a la luz más historias como esta. Argumenta que muchas cocineras se han acostumbrado a “que eso sea normal en las cocinas”, cuando no deberían tener miedo de hablar. Además, asegura que todos los que conozcan de estas situaciones y no hablen son cómplices.

Declara que, aunque el panorama haya mejorado considerablemente, aún no hay igualdad: “Cuando alcanzan la cima, las cocineras todavía no obtienen los mismos beneficios que los chefs. No reciben la misma publicidad, las mismas propuestas de bienes raíces, o los mismos patrocinadores que los chefs masculinos. Y ellos prefieren mantenerlo de esa manera”.

Para Sara, la industria necesita más presencia del género femenino, que se empareje la balanza para un mejor porvenir. Y resalta la importancia de no callar casos incómodos de acoso sexual.

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