Comemos pan con los cinco sentidos

Comemos pan con todos los sentidos

Es bien sabido que catar es una experiencia profundamente sensorial. La vista, el olfato, el tacto, el gusto y el oído nos permiten sentir una cantidad de elementos que finalmente traducen las cualidades del producto. Así, usamos nuestros sentidos para describir, de forma razonada y sobre la base de nuestra experiencia, las características organolépticas de los alimentos.

Este ejercicio es llevado a cabo por casi todos cuando comemos un trozo de pan; sin embargo, no somos necesariamente conscientes de las evaluaciones que hacemos cada vez que activamos nuestros sentidos para centramos en los elementos preponderantes del pan, los cuales posteriormente nos ayudarán a definir sus mejores cualidades. Es por ello que haremos una breve descripción de cómo participan nuestros sentidos y de lo que posiblemente se puede apreciar con cada uno de ellos en un pequeño trozo de pan.

De la corteza a la miga

pan

La vista inaugura el encuentro con el maravilloso mundo del entendimiento de este importante alimento. Generalmente inicia con el recubrimiento: la corteza y su color. La tonalidad es primordial, ya que nos permite evaluar si las condiciones del proceso fueron adecuadas; nos habla sobre las características de la fermentación y la cocción, incluso puede asomar la posibilidad del uso de ciertos ingredientes, entre otros elementos.

Una vez que abrimos la corteza en búsqueda de un interior amable, la vista inspecciona la estructura de la miga, que es la parte más aireada del pan; adicionalmente nos puede ayudar a describir los niveles de humedad, la posible capacidad de resistencia. A su vez, al ver los alvéolos descubrimos muchas de las características propias del proceso de producción.

El aroma, por su parte, siempre acerca al catador. El olfato es uno de los órganos más completos y es que a través del aire penetran en nuestra nariz elementos volátiles que logran conectar el producto con nuestro cuerpo. De esta forma, podemos apreciar aromas que nos trasladan al proceso de infusión de sabores en el proceso de la panificación; esto debido a las técnicas y/o ingredientes empleados.

“Manipular el pan nos podría permitir escuchar el crujir de su corteza, lo cual activa nuestro oído y, según el gusto, nuestras papilas gustativas e imaginación”

Pan ciabatta

Otro elemento primordial es la textura. Cuando tomamos una rebanada y la acercamos a la boca, podemos sentir la firmeza del pan, su elasticidad, las características de la miga y hasta el nivel de humedad. A su vez, el manipular el pan nos podría permitir escuchar el crujir de su corteza, lo cual activa nuestro oído y, según el gusto, nuestras papilas gustativas e imaginación.

Para finalizar, por supuesto, el sabor nos permite disfrutar de lo mejor de este alimento: la acidez o la dulzura, así como apreciar sabores que no necesariamente son propios del proceso.

Es importante destacar que en panificación aunque puede haber poca complejidad en el uso de ingredientes lo que hace que podamos tener un espectro de sabores y características únicas, es el proceso. Entonces, si prestamos mucha atención, veremos cómo todos nuestros sentidos nos llevan al disfrute de una buena rebanada de pan.

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