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El bocata de calamar: fast food castizo

En las esquinas más antiguas de la capital española, de Sol a Ópera, caminando en medio de la Plaza Mayor, la gastronomía se torna infinita. Con sus variedades culinarias que se detienen en las paellas más decentes de Madrid, pasando por los espacios para el jamón, y siguiendo a especialidades internacionales, habría que hacer un esfuerzo para saber cuál es la verdadera comida local. Pero es claro, en las paredes que datan de 1619 sobresalen carteles que indican que allí se vende: bocata de calamar.

Los expertos señalan que este sencillo pan con calamar, lo que en América se llama un simple sándwich, es originario de zonas costeras como las ciudades andaluzas o Santander. Sin embargo, en el corazón de Madrid se preparan los mejores.

Bocata para todos

Largas colas hacen los comensales para comerse uno, a pie de calle, incluso adoptando una posición corporal inclinada para no ensuciarse. Casi como un “perro caliente” en Caracas, o un taquito en el DF, el bocadillo es protagonista de las noches, tras las fiestas y de cenas rápidas familiares.

Si se baja por la calle Botoneras y se sigue por la Imperial, se pueden encontrar todas las bocaterías una tras otra, a precios que varían de tres euros el bocata con calamares a seis o siete euros en combo, con patatas fritas y refresco. Las especialidades más tradicionales españolas se tornan globales y se les adhiere ese toque callejero que las ha vuelto famosas.

En 2014, la zona batió el récord Guiness al hacer uno de más de 300 metros, recoge el portal El Confidencial. Pero mucho antes, cuentan los cocineros del lugar, ya se convertía en el “fast food castizo” al ser un platillo de rápido preparado y que era posible comer durante las fiestas católicas de la capital, cuando se impedía a los fieles comer carne.

Rebozado y muy caliente

Calamares fritos
Foto: fifteenspatulas.com

El calamar se suele preparar rebozado en aceite de oliva, enharinado, y presentado en anillos, tal y como en el platillo de “pescaito frito” de Granada, o bien en una versión de rabas, cortado en tiras. Este último es típico de Santander. Al zaragozano se le añade salsa brava, la misma que a las patatas. Todas estas adaptaciones se pueden encontrar fácilmente en la calle mencionada.

Y así como las hay de harina de trigo, la más típica, también se puede conseguir con harina de garbanzo o maíz.

Luego, para que no se desprenda el rebozado, los calamares deben estar bastante secos y el aceite muy caliente. Hay quienes le agregan puré de patata para darle más consistencia al envuelto y que no se deshaga.

Si el plan no es prepararlos en casa, lo mejor es acercarse hasta la antigua Plaza Mayor de Madrid, con su barroco incrustado en el paseo y las paredes, y adentrarse a un mar de bocatas de calamares para todos los gustos. A continuación, algunos de los mejores lugares donde comer esta delicia.

La Campana

La Campana en Plaza Mayor / Foto: Patrizia Aymerich

Los bocatas de calamares son la especialidad de esta cervecería fácil de ubicar por las largas colas que se forman. Pasan rápido y valen la pena. Por dentro no se han actualizado, sigue siendo un bar sencillo con baldosas blancas. El local lleva abierto desde 1870, siendo antiguamente una bodega llamada Bodegas Sierra. Además del de calamares, puedes probar el de tortilla, lomo o salchichas.

La Ideal

El Bar Ideal es una de las tabernas más famosas para comprar este bocadillo / Foto: Patrizia Aymerich

A pocos metros de uno de los mejores bares para comer este plato típico madrileño, La Campana, se encuentra un local que llaman rival. El pan crujiente y los calamares jugosos pero nada aceitosos han convertido a La Ideal en un templo de este bocadillo. La barra es cómoda y el sitio es fresco para pasearse por un bocadillo rápido.

Cervecería Plaza Mayor

La Cervecería Plaza Mayor se ubica justo dentro de la plaza / Foto: Patrizia Aymerich

Justo al otro lado, se abre paso este clásico para comer el auténtico bocadillo de calamares de Madrid. Cuentan además con una amplia carta de raciones que van desde zarajos, chopitos, croquetas y callos hasta el bacalao con tomate y el pulpo a la gallega. Sus menús les llevan ventaja a otros locales.

En Copa de Balón

Vino y calamar esperan en este lugar / Foto: Patrizia Aymerich

Si se quiere sentar y comer sin largas esperas, se puede reservar a pocos metros en En Copa de Balón que dispone también de una tienda de vinos en su interior, lo que hará la experiencia con el bocata de calamares algo diferente. Se jactan de tener “el auténtico bocadillo” por solo 3, 50 euros.

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@Patifini

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