Tips útiles para asistir a una cata de vinos

Conocer y comprender un producto al momento de consumirlo hará que la experiencia sea más completa. En el caso del vino, la tendencia de los consumidores suele ir únicamente a apreciar sabor y aromas, dejando de lado otras sensaciones que genera. En boca, normalmente, se desarrollan características que deben ser percibidas para gozar, aún más, de la bebida. Aquí un breve esbozo para ir conociéndolas.

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Astringencia

Se refiere a una de las cualidades organolépticas del fermentado de uvas. Es producida por los taninos. La poca presencia de estos compuestos puede restar fuerza al vino.

El sabor astringente es comúnmente difícil de definir por lo complicado de su percepción aislada. Sin embargo, algunos lo describen como una apreciación de sequedad, rugosidad, aspereza y amargor.

La astringencia ocurre por la reacción ante el contacto entre los taninos y algunas proteínas contenidas en la saliva. Se siente con mayor prominencia en las encías.

Temperatura

La manera como esta se manifiesta puede ser provocada por la verdadera temperatura del vino o por reacciones químicas. Más allá de que pueda estar frío o no, algunos componentes pueden conducir a esa percepción.

Por ende, es importante servir la copa de acuerdo con los requisitos que exigen los vinos según su tipo. Esto ayudará a potenciar sabores y olores.

En cuanto a la percepción de calor o frescura, va determinada por los componentes. El alcohol es el responsable de una impresión caliente al beberlo, mientras que la acidez lo hará más fresco.

Picor

Se origina por el contenido de gas carbónico que pueda poseer la botella, lo que ocasiona su efervescencia. Es común en vinos espumosos como el cava o el champán. Además, algunas bebidas jóvenes pueden presentar esta peculiaridad.

Si esto se nota en un añejo, podría deberse a un defecto de elaboración.

La textura

La gama de texturas es muy variada. Desde rugosas, aterciopeladas, sedosas, hasta otras que recuerdan la tierra. Esto puede ser un factor muy subjetivo, según el catador y su gusto.

En cuanto a la rugosidad, algunos conocedores comentan que puede ser un síntoma de mala conservación. Esta se percibe en la zona central de la lengua y puede significar una oxidación de los taninos.

El cuerpo

Esta característica se define como la densidad del caldo del vino que intensifica sus propiedades en la boca. Generalmente un vino bastante denso es catalogado como de “buen cuerpo”, algo común en los añejados. Por otro lado, son “ligeros” o de “cuerpo medio” aquellos que presentan menor intensidad.

Conocer más el extenso universo de la bebida hará que descorchar una botella sea más placentero.

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