Foto: 123rf
El acto social que es la alimentación, indispensable para la sobrevivencia, se cumple todos los días, a menos que se ayune o se pase hambre, generalmente en el seno de un grupo social, que lo impregna de un contenido cultural, secretamente simbólico. “Lo que llamamos gastronomía”.
Es decir, se come dentro de una cierta cultura y un contexto técnico-espacial, que es lo que llamamos cultura, en relación permanente con los otros y con el mundo. Todo eso es lo que llamamos gastronomía. Es decir la cocina venezolana está enmarcada por formas culturales, limitada por la ciencia y la tecnología y el grado de desarrollo civilizatorio, especialmente de su economía.

La cultura es gastronomía

No es lo mismo, el nivel de la cocina venezolana durante inicios del siglo XX, cuando estaba la estructura demográfica y económica del país cambiando (pasando de una sociedad con una población mayormente rural a otra con una población mayormente urbana; y de una sociedad agraria a otra capitalista mercantil; y de una sociedad agroexportadora a otra exportadora de petróleo).
En aquella Venezuela, la dieta predominante era de tipo rural, al revés de la de hoy, urbana dentro de un marco de creciente globalición de mentalidades y comportamientos sociales, que matiza e influye poderosamente los regímenes  alimentarios existentes en cada país, y aún más si ese país pertenece a la periferia del país de mayor desarrollo.
Rafael Cartay

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