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Muchos factores han hecho que los panes que conseguimos hoy no se parezcan mucho a los de antes y, por ende, duren bastante menos. La calidad de los ingredientes, del trigo, del agua, el abuso de las levaduras, el poco control de las temperaturas y los procesos de fermentación alterados, todo afecta al producto más noble: el pan.

En la actualidad nosotros también llevamos una vida más complicada y no siempre podemos comprarlo, así que cuando lo hacemos, tratamos de tener suficiente para varios días. ¿Cómo hacer para que siempre esté fresco y con buen sabor?

Se podría generalizar diciendo que el primer recurso en el que pensamos a la hora de conservar el pan es una bolsa plástica. Quienes nos conocen y nos han escuchado en charlas, conversatorios o incluso en nuestros cursos, saben que ésta es la opción que menos recomendamos. Preferimos las bolsas de papel o de tela.

Ahora bien, si nuestra única opción disponible es una bolsa o envoltorio plástico, es importante cubrirlo completamente, sin que le quede aire entre el envoltorio y la corteza. En cualquier caso, lo mejor es eliminar el aire antes de guardarlo en un sitio fresco y oscuro o incluso antes de congelarlo.

Congelador sí, nevera no

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Es recomendable usar bolsa de papel o de tela / Foto vía: 123rf

Muchos piensan en la nevera como un buen lugar para guardar el pan; sin embargo, todos nos damos cuenta de que luego, cuando lo consumimos, no está igual. Esto se debe a que el frío de la nevera suele secarlo. Si éste está rebanado, se secará aún más rápido. Ciertamente dura un poco más que a temperatura ambiente, pero se resecará. Si además queremos empeorar su calidad, entonces para quitarle el frío usamos el microondas; pocas cosas afectan tan negativamente las características organolépticas de un pan.

Otra opción válida es la de congelar el pan. Aquí, nuestra recomendación será cubrirlo como hemos mencionado (sin aire) y dividirlo en porciones para entonces, en el momento en el que se vaya a consumir, poder descongelar solamente la ración necesaria. Idealmente, pasamos del congelador a la nevera y esperamos al menos un par de horas para que vaya perdiendo el frío de forma progresiva y luego, a temperatura ambiente. Después de otro par de horas, el pan estará en muy buenas condiciones y mostrará sus características casi intactas.

Humedad al recalentar

Posteriormente se le puede dar un toque de horno, no mucho para que no se seque. También, para evitar este efecto, es aconsejable ponerle un pañito húmedo que lo cubra mientras se hornea brevemente o, si lo preferimos, podemos rociarlo con agua. No queremos bañarlo ni abrigarlo con una tela ahogada en agua, solamente estamos buscando mantener la humedad en el momento de recalentar el pan.

Es de destacar, que como los tipos de panes varían, si queremos que mantenga su corteza crocante, retiramos el pañito y terminamos el toque de calor sin el efecto de humedad. Eso sí, si ya lo descongelamos, lo comemos, pero como pasa con los demás alimentos, no debemos volverlo a congelar.

¿Por qué preferimos el congelador y no la nevera para preservar el pan por más tiempo? Porque de alguna forma, el pan al congelarse tiene mayor presencia de humedad en comparación con el seco frío de la nevera; así al descongelarse el efecto de resequedad prácticamente no se notará.

Los empaquetados en bolsas plásticas

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A veces corremos con la suerte de tener en la casa pan de molde, cuadrado o sándwich elaborado por grandes empresas o panaderías tradicionales. Estos panes ya vienen empaquetados en bolsas plásticas, y sí, sabemos que hay aire entre el pan y la bolsa. Ya nos habrá pasado que a los pocos días vemos cómo aparecen manchas blancas que luego se van tornando verdosas.

Si bien podemos dedicar un texto completo a este tema en particular, el moho en el pan crece mejor cuando está en un ambiente cálido y húmedo, algo que una bolsa plástica de pan con un poco de aire y en un ambiente templado es fácil de generar, más aún si guardamos el pan en la bolsa estando todavía caliente o tibio.

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Evite que le salga moho. Foto vía: 123rf

Así tal cual como vemos las bolsas húmedas de quienes salen de las panaderías contentos porque acaban de comprar un par de canillas recién horneadas, pero que inmediatamente parecieran derretirse del calor dentro de esas bolsas impermeables que las ahogan en su propio vapor. El detalle aquí, es que siempre nos comemos las canillas antes de que se genere el moho y no nos damos cuenta de lo que está ocurriendo en el pan.

A tostarlo

Finalmente, si vemos que tenemos más pan del que vamos a consumir en el momento y no podemos congelarlo, o ya lo hicimos y perdió el frío, tostarlo es lo mejor que podemos hacer. El pan tostado dura muchísimo más, su sabor no cambia drásticamente y podemos tenerlo a temperatura ambiente.

Evidentemente todo esto está supeditado a las características y la calidad del pan. Su proceso de elaboración, ingredientes y fórmula serán aspectos que determinarán, en gran medida, la durabilidad en su punto óptimo. Pero nosotros somos agentes activos y nuestra relación con el pan debe pasar por conocerlo más y ver cómo se comporta en nuestras casas: el pan no es un invitado, es parte de nuestra familia. Entender su conducta en nuestro entorno, nos permitirá disfrutar más y mejor de él.

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