50260564 - lonely woman drinking coffee in the morning, top view of female hands holding cup of hot beverage on wooden desk, retro toned.

Hay varios olores inolvidables: el del pan recién salido del horno, el de la tierra de jardín humedecida por la lluvia, el del sofrito en la sartén, el de un café colándose, el de un campo florecido, el de un humeante chocolate.

Quizás no haya nada tan estimulante como el penetrante e indescriptible aroma que, desde la cocina, despide un café recién colado, invitándonos sensualmente a un vigoroso despertar.

El café al despertar

Degustado en compañía, el café invita a la conversación temprana, a compartir las cosas del alma solidariamente y a abrir las puertas del corazón de par en par.

El disfrute comienza por el olfato, antena del cuerpo, que se comporta débil y complaciente ante la arremetida invasora de ese aroma que no conoce límites ni timideces.

Luego, se rinde el paladar, vencido por el asedio persistente del olor.

Nuestro cerebro, gracias al estímulo generoso del café, y cuando apenas despunta la mañana, se torna un escenario singular donde se combinan armoniosamente el cuerpo y la acidez de la bebida con la dulce intrusión del azúcar.

Y después, como si una ola extraña de energía nos bañara, nuestro cuerpo es estimulado para acometer, sin rastro de pesar o rezago de pereza alguna, el deber ineludible de inaugurar un alegre día cada nueva mañana.

Un buen café del domingo es el café Calipso.

Ingredientes (4 tazas):

  • 4 cdas de café molido
  • Cuatro cditas de melaza
  • 4 copitas de ron

Preparación:

Se prepara un café fuerte para cuatro personas.

Colocar una cucharadita de melaza en cada taza y una copita de ron. Se vierte sobre la mezcla el café recién hecho, muy caliente.

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