Con marcada herencia francesa y siempre en búsqueda de la personalidad y la originalidad que obsequian a los vinos regiones benditas para la viticultura como el Valle del Maule, en Chile, Casa Donoso celebra 30 años de vida -y vides- en 2019.

La pluralidad de suelos y climas del vasto Maule, donde esta casa fundada por galos en 1989 –ahora con capital chileno- posee hoy cinco campos, permite estilos de vinificación que expresan el carácter de cada uno de sus terroir en botellas que buscan satisfacer, asimismo, paladares de variados registros y exigencias. Un repertorio que desde hace más de una década cuenta con la conducción y el toque creativo del enólogo Felipe Ortiz.

Enólogo Casa Donoso
El enólogo Felipe Ortiz ha aportado sus conocimientos por más de una década a Casa Donoso

“El Valle del Maule es extenso y diverso. Los suelos de origen volcánico, ubicados a 500 metros sobre el nivel del mar en una zona de bajas temperaturas, aportan gran mineralidad a los blancos que hacemos. Luego, los situados al centro del valle, más arcillosos y con temperaturas mayores, son ideales para vinos de elegantes taninos y fruta expresiva”, indica Ortiz.

A los territorios anteriores se suman los suelos arenosos de la costa, “viñas ciertamente más estresadas con las cuales podemos elaborar vinos con mayor concentración”, continúa el enólogo, quien ha trabajado antes en Estados Unidos (viña Geyser Peak Winery, en Sonoma Valley); en Francia (Château de Pampelonne, en Provence); en Australia (St. Hallett Wines, en Barossa Valley), y también en las viñas Los Vascos y San Pedro en el propio Chile.

Una cata en Evolución

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“El vino se mueve, los enólogos se mueven y los consumidores nos movemos”, expresaba la periodista especializada Adriana Gibbs, durante la presentación de las nuevas añadas de los cinco vinos de Donoso que arriban a Venezuela de la mano de ATWF Group.

Honrando tan viva experiencia desde la etiqueta, la bienvenida es con la línea Evolución y su fresco Sauvignon Blanc: “De buena acidez, aromático, frutal, es un magnífico aperitivo, una estupenda manera de empezar una velada, de iniciar un encuentro y también es fantástico, por ejemplo, para llevarlo a la playa”.

Resultado de uvas cosechadas en 2018, gentil a la hora de armonizar con pescados y mariscos, Gibbs revela que se ha catado exitosamente con quesos frescos venezolanos: “Un buen queso telita o de mano, rociado con aceite de oliva y buen pan es un momento de placer con este sauvignon blanc”.

Una copa repetible y franca, la temperatura sugerida para apreciarlo y disfrutarlo en amplitud es entre 8 y 12 ° C.

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El blanco da paso al Rosé, asimismo añada 2018, con estadía de seis meses en barrica. “Rosado intenso con tonos cereza, habla de la maceración que tuvo el producto y de las tres variedades de donde viene que son cepas tintoreras: cabernet sauvignon (70%), carmenere (10%) y malbec (5%) -introduce la sommelier María Salcedo-. El brillo es excelente y en nariz resaltan frutos rojos frescos y notas minerales bastante agradables. De buena acidez y persistencia herbal, es un rosado con cuerpo y estructura que invita a comer”.

A la hora de la mesa, entonces, la propuesta clásica en cuanto a armonías se inclina por carpaccios, sushi, ensaladas frescas, pescados y mariscos, en general, pero Adriana Gibbs adelanta un guiño: “Con un rosé como este, que tiene carácter, y como alternativa a la cerveza, me atrevería con la cocina india, con currys no tan subidos en picante”. Su temperatura ideal: entre 12 y 14 °C.

Más adelante, el viaje sensorial al Maule se desplaza del Rosé al Merlot 2018: un ensamblaje 85% merlot y 15% cabernet sauvignon. Elaborado con uvas cosechadas a mano (característica de la casa), 30% de este vino ha vivido una guarda de ocho meses en barricas, lo que le aporta un agradable tostado. “Gusta por su suavidad y por su carácter frutal”, expresa en la ficha de cata el enólogo Felipe Ortiz.

Ha de servirse entre 15 y 18 °C y es buen compañero de quesos madurados, carnes a la parrilla y guisos.

Un brindis Bicentenario

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Vendimia en los viñedos de Casa Donoso en el Valle del Maule

El final de la cata queda reservado para la sólida presencia de dos vinos de la línea Bicentenario, creada en 2010 para celebrar 200 años de la independencia chilena: Bicentenario Carménère Gran Reserva 2017 y Bicentenario Cabernet Sauvignon Gran Reserva 2017.

El Carménère, palabras de Ortiz mediante, “representa el trabajo minucioso en esta cepa, tanto en campo como en bodega enológica, generando una expresión elegante y amigable a su vez”. El 60% de este vino pasa por barricas de roble americano y francés durante 12 meses.

Tal empeño en lograr la mejor expresión de la uva se ha materializado en una conquista: por años consecutivos, expresan sus voceros, ha sido escogido como el mejor Carménère del Valle del Maule en Chile. El ejemplar de añada 2017, igualmente, recibió doble Medalla de Oro en el Six Nations Wine Challenge (Australia) y 90 Puntos en Berliner Wein Trophy (Alemania).

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“Su color es rojo intenso con bordes violáceos. Expresa aromas refinados de frambuesa y grosella y especias sutiles. De taninos balanceados y amigables, presenta un elegante tostado producto de su guarda y un persistente final”, detalla el enólogo. Armoniza muy bien con cerdo y cordero, carnes magras al grill y con salsas especiadas o de hierbas intensas. El servicio idóneo es entre 15 y 18 °C.

Por último, el descorche es para el Cabernet Sauvignon (85% Cabernet Sauvignon, 10% Carménère y 5% Cabernet Franc). La sommelier Salcedo lo describe “rubí con destellos granates leves, porque está todavía joven, de bello brillo. En nariz a copa quieta hay pimienta y frescor de menta y eucalipto que es una característica del cabernet, así como frutas rojas pero maduras. Aireando es sobrio, con carácter. Bastante sedoso, más carnoso, de acidez mayor y final robusto, persistente, con notas de café y chocolate oscuro”.

vino tinto

Un vino que invita, nuevamente, a la mesa con platos estructurados. “Aunque es 2017, diría que tiene una vida más larga que el anterior porque sus taninos son más marcados. Sería interesante probarlo con unos cortes de carne y pimentones. Pienso que el enólogo le añadió cabernet franc para aportarle un toque elegante porque, si no, sería un poco más robusto, más tánico”, agrega la sommelier.

“Es un Cabernet que muestra el lado fresco y de buena jugosidad del Maule, sin perder su estructura e intensidad”, refiere por su parte Felipe Ortiz. Su carácter, pues, permite platos fuertes y aderezos intensos, como pimienta negra, mostaza y salsas picantes. Una buena despedida para un gran valle chileno.

Más señas: Casa Donoso (www.casadonoso.cl). Importadora ATWF Group: @atwfgroup y @casadonosovnzla en Instagram.

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