vino

Ciertamente el vino es considerado hoy día como una bebida elegante y compleja, que muchos alardean conocer pero en realidad sólo pocos logran hacerlo correctamente. Sin embargo, el origen de éste se remonta a muchos años atrás, y su papel en la sociedad no ha sido siempre el mismo.

En una nota anterior ya vimos como los griegos y los egipcios de la antigüedad sólo bebían vinos jóvenes, ya que no conocían el añejamiento. En esta oportunidad, hablaremos sobre cómo la sociedad del Imperio Romano disfrutaba de estos caldos.

Durante este período, el vino se conservaba en grandes ánforas, desde las cuales se transvasaba a unas más pequeñas al momento de llevar a la mesa de los romanos.

Asimismo, diversos autores refieren que se solía mezclar el vino con especias, sobre todo el clavo, para darle poder estimulante y en ocasiones alucinógeno. Se cree que esta costumbre estaba ligada a la conservación del vino, los cuales se descomponían con facilidad en medio del calor. El clavo servía para ocultar la creciente acidez  o el desagradable aroma que causaba la oxidación.

Aun así, estas  sofisticaciones no se repetían en las colonias de Galias, de las costas del Rin y del Ródano, mucho menos en las que miraban desde el Danubio hacia tierras africanas. Estos grupos conocieron y aprendieron a valorar los vinos en su estado natural, su sequedad y el bajo grado alcohólico, ya que les permitía beber más cantidad.

Estas mismas colonias, además, descubrieron la conservación de alimentos usando vino y supieron enriquecer las mermeladas con los aromas de los caldos de sus tierras.

Tomado de El vino y su protocolo, de Guiseppe d’Este.

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