sector vinícola vino

La crianza del vino consiste en su envejecimiento, el cual pasa por distintos cambios, entre ellos físicos y químicos. Aquellos caldos que son criados en barricas, tienen un proceso que ayuda a que sean complejos y estables.

¿A qué se debe esto? A que la madera, generalmente roble, le aporta al vino compuestos fenólicos, que a su vez son los que aumentan su calidad organoléptica, y que al final, mejoran su color, aroma y sabor.

Por tratarse de un material poroso, facilita un intercambio gaseoso, permitiendo la oxigenación del vino de forma controlada. Esto genera que se den varias transformaciones aromáticas, en su mayoría, procedentes del tostado de la madera, que es de vital importancia durante la fabricación de las barricas.

El roble también lo enriquece con otras sustancias que no son volátiles y que interfieren en el sabor. Dichos compuestos aportan acidez, astringencia y amargor.

Sus efectos

barricas de vino

La madera deja respirar al vino, por lo que ayuda a desarrollar su potencial de envejecimiento, dándole cuerpo y estructura. Interviene en su color final, sea blanco o tinto, pues acrecienta su tonalidad, debido a que los taninos de la barrica reaccionan con los pigmentos de los caldos.

También les otorga unas características particulares, dependiendo de si es nueva o no, y el tipo que sea. El roble americano es mucho más resistente e impermeable, le da menos taninos y más carácter aromático. En ese sentido, puede haber coco, café, humo, tabaco y cacao.

Por su parte, el roble francés es mucho más blando y costoso, aporta mayores taninos, dulzor y complejidad. Incluso, ofrece más tiempo en botella, con aromas a vainilla, miel, frutos secos, especias dulces y balsámicas.

En cuanto al sabor, los efectos dependerán del tiempo que el vino haya estado en contacto con la madera. Por ejemplo, si estuvo más de seis meses de crianza se percibirán sabores a vainilla o caramelo.

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