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Cuando los comensales acuden a un restaurante esperan que el dinero que están invirtiendo se traduzca en recibir una excelente atención y platillos de calidad. Sin embargo, no siempre los cocineros cumplen con las expectativas y los clientes se retiran, lamentablemente, insatisfechos.

Muchos comen hasta que pueden y se van, sin hacerle notar al equipo del local que los platos no estaban como deberían. Otros sí se manifiestan e, incluso, devuelven la comida hasta la cocina para que el error sea solventado y le llegue el mensaje al chef de que, sin duda, algo está molestando a su visitante. Lo malo es que el comensal que retorna el platillo a su lugar de origen puede no hacerlo de una forma cordial y respetuosa, y eso cae muy mal en quienes tienen todo el día de pie trabajando con empeño frente a los fogones.

Por eso, el portal Food & Wine reúne los consejos a tomar en cuenta cuando se quiera mandar de vuelta una comida decepcionante, recomendados por Culinary Agents, una organización dedicada a la hospitalidad en la restauración. Estos son:

Ser honesto

Una de las principales mañas de algunos clientes es devolver un plato simplemente porque no les gusta un alimento específico y se han equivocado al ordenar. No porque la comida esté mal hecha o pasada de algún ingrediente. Por eso, los cocineros y chefs valoran la honestidad y prefieren que se acepte el error y no se insinúe la existencia de un equipo de cocina negligente.

Es importante no ser descarado y devolver algo a medio comer. Muchos tienden a quejarse de una pequeñez cuando casi se han terminado el plato. La idea no es aprovecharse de la cordialidad del negocio y comer doble con base en una mentira.

Ser específico

Para devolver un platillo es necesario saber puntualmente qué tiene que las papilas no aprobaron. Solo así los cocineros pueden verificar qué pasó y corregir. De pronto, puede que algún componente de la preparación esté crudo, demasiado salado o quemado. Es importante señalarlo.

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Tener confianza

Si hay una comida que se quiere echar nuevamente para atrás, es mejor hacerlo y punto. Sin alardeos. Es peor tener que comer algo que no está bien o que simplemente no es del agrado del visitante. Por eso, la decisión tiene que ser rápida y sin arrepentimientos.

Ser consciente

Es necesario sentirse seguro de que algo está mal con la receta. Puede que el plato esté perfectamente concebido y, simplemente, no era lo que el paladar esperaba. Solo si de verdad hay errores notables, como cabellos, ingredientes demasiado salados o ácidos, es que puede tomarse una iniciativa así. De repente, puede que el problema sean los gustos de los miembros de la mesa y no las acciones de los chefs.

Así es como actúa un comensal educado al devolver un platillo. Obviamente, la respuesta debe ser igual de cordial. Un error lo comete cualquiera.

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Con información de Food & Wine.

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