Un toque de canela

La cocina enmarca esta historia que se desarrolla entre Grecia y Turquía. Un toque de canela o La sal de la vida (2003) es una película llena de sabores que giran en torno a la vida de Fanis, un profesor de astrofísica que vive en Grecia. A menudo recuerda su infancia en Estambul con su abuelo Vassilis, con quien sueña reunirse de nuevo. De él aprendió muchas cosas, como, por ejemplo, los planetas del sistema solar, a través de un símil qué hacía con las especias. Esto porque el anciano tenía una tienda donde las vendía, junto con otros productos.

Mientras espera que Vassilis vaya a Grecia, Fanis se desahoga con la cocina, su único vínculo con Turquía, utilizando toda clase de especias.

El regreso y la pérdida de un amor

Ya con 40 años, Fanis por fin puede regresar a su país natal para reunirse con su abuelo, quien se encuentra muy enfermo. Allí se reúne también con su primer amor, la joven Saimé, con quien pasó momentos inolvidables, pero que ahora está casada. Juntos reflexionan sobre sus vidas y cómo la política las transformó para siempre.

El director y guionista Tassos Boulmetis, nacido en Estambul en 1957, ha dicho que el filme retrata cómo las políticas injustas obligan al desplazamiento. “Los griegos inmigrados a Estambul eran miembros activos y dinámicos de una comunidad próspera (y no miembros pasivos e inactivos de una minoría). No obstante, tuvieron la mala suerte de sufrir las consecuencias de un conflicto político: por un lado estaba la política turca extendida en todo el país que, con una paciencia hábil y constante, consiguió despoblar una parte floreciente de la minoría; y por el otro lado estaba la política griega corta de miras que, sin una estrategia ni una visión de futuro nacional, provocó sin darse cuenta la despoblación de esa próspera sociedad griega que vivía en Estambul”.

Una excelente mezcla de política, cocina, turismo y amor.

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