Esta es una aventura por Asia que empezó con cuatro días en Bangkok para seguir a Myanmar, país que hasta el año 1989 se llamó Birmania.

“Mingalaba” significa “bienvenidos”, pero también es una forma de desear buena fortuna. Así comienza esta travesía por una de las naciones más controversiales, en vista de su situación política, pero al mismo tiempo plena de maravillas naturales e históricas. Mención especial merece su gente, a la que amarás en el trayecto de tu viaje, pues se gana tu corazón.

A partir del año 1996 Myanmar abrió sus puertas al turismo por necesidades económicas.
Nosotros aterrizamos en Yangón, antigua capital del país y su ciudad más grande. Una vez montados en el autobús, nos fuimos directo a conocer a los elefantes blancos que son venerados por ser signo de poder y buena suerte. De hecho, les hacen una reverencia.

 

Dice la leyenda que cuando nació Buda, un elefante blanco visitó a su madre y le llevó como ofrenda una flor de loto sagrada. Antiguamente, los reyes pensaban que si tenían la fortuna de poseer un elefante de estos, el animal les traería prosperidad. De igual manera, temen que muera porque para ellos significa “desastre”. Como notarán, en Myanmar son muy supersticiosos.

Llegada la hora del almuerzo, comimos en un lugar bastante informal que se llama Green Elephant. Nuestra primera experiencia culinaria fue familiar y la comida muy parecida a la vietnamita o la china: tallarines, spring rolls, ensaladas, pollo salteado, arroz blanco.

Piaspia Myanmar

Descubriendo sus tesoros

En Yangón se encuentra la Pagoda de Shwedagon, la más antigua y grande del mundo. En ella se conservan algunas reliquias, incluyendo unos ocho cabellos de Buda. Se dice que fue construida antes de la muerte de este, hace 2.500 años.

La estupa de esta pagoda mide 100 metros de altura y está recubierta por miles de filamentos de oro, más de 5.000 diamantes y 2.000 rubíes.

Me acerqué con los ojos bien abiertos para no perderme aquella majestuosidad. Los rayos de sol incidían de tal manera que de la enorme cúpula se desprendían líneas doradas. Había detalles por doquier: flores, olor a incienso, velas, colores, monjes, personas rezando y, como bien lo dice mi nombre, ¡Piaspia estaba descalza! Sí, debes entrar a todos los templos sin zapatos.

Piaspia Pagoda Myanmar

Mandalay

Se le llama “el corazón de Myanmar” por ser el centro religioso más importante del país. De verdad, les confieso que cuando nos tocó montarnos en el avión camino a Mandalay me persigné y le dije a Rafael: “Me siento en la película de Indiana Jones, los cazadores del arca perdida”.

Una vez aterrizamos, camino al hotel, deseé gritarle al chofer del autobús que frenara y que me dejara ahí, lo que apreciaba por la ventanilla eran miles de puestos de comida callejera. ¡Eso no podía perdérmelo! Tuve que ser paciente para llegar, hacer el check-in, tirar las maletas e intentar recordar el camino de regreso para probar aquellas cosas que había visto.

Comida callejera Myanmar Piaspia

Nuestro guía estaba bastante aterrado con mi insistencia en querer comer comida de calle, porque puede resultar peligroso para la salud por intoxicación. Pero eso no me frenó, conseguí a tres más a quienes les gustó la idea. Nos fuimos en un taxi haciendo el recorrido en reversa para poder regresar a lo visto.

Piaspia comida callejera Myanmar

Era mi oportunidad de probar, realmente, la comida del pueblo. El puesto que más me llamó la atención fue uno que tenía un plancha enorme de hierro, donde freían unas torticas hechas de harina de arroz, a las que le agregan un huevo de codorniz, cebollín y, a otras, garbanzos tostados. Cocidas a la perfección. Se llaman “Mont Lin Ma Yar”.
En otros puestos probé una especie de buñuelos de batata rebozados riquísimos.

La diversa gastronomía birmana

Hasta ahora, no nos habíamos adentrado en la gastronomía birmana, que es diversa y ecléctica. Su cocina tiene influencias indias por el curry y sus ricos picantes. También chinas, por sus salsas de toques dulces más la adición de ajos; y de Tailandia, por sus sopas y platos vegetarianos.

El desayuno para ellos es superimportante: comen copiosamente y lo hacen con un plato que se llama Mohinga, un caldo hecho a base de pescados locales, tallarines de arroz, hierbas y vegetales. Definitivamente, podríamos llamarlo “desayuno de campeones”. También se alimentan con un arroz de color púrpura, llamado Kauk Hnyin.

Piaspia plato de Myanmar

Para el almuerzo comen muy ligero, y cuando llega la noche, es el momento de compartir una mesa con familiares y amigos. Se preparan muchos platos diferentes como estofados de cordero, pollo o carne, con muchas especias y picantes. También con vegetales como berenjenas, tomates, papas con toques de cúrcuma, limón de kaffir, jengibre, malojillo, tumérico, tamarindo. El ingrediente estrella es el arroz, jamás puede faltar en sus comidas. Siento que una parte de mí es asiática.

Plato Myanmar Piaspia

Yo no sabía comer picantes ni tomar cerveza hasta que llegue a este país. La cerveza la tomas por motivos de salud, pues sabes que no está contaminada como el agua, o te refrescas con hielo -si es que lo consigues-. En cuanto a la cerveza, no se dieron mala vida bautizándola: se llama Myanmar. En el país también se producen vinos, pero son nefastos.

Los postres no son frecuentes. Los preparan a base de coco, plátano o batata y usan mucho las semillas de sésamo.

Mención aparte para el ajonjolí

Decidí investigar un poco acerca de las bondades del ajonjolí o sésamo porque en nuestras largas horas de trayectos vi muchísimos sembradíos. Leyendo varios artículos aprendí que se consideran las primeras semillas oleaginosas que conoció la humanidad, tanto para emplearlas en la cocina como en la medicina tradicional. Gran parte de estas semillas se cultiva en Asia, en China e India, pero el mayor productor es Myanmar. Llegaron a América por los esclavos africanos.

Planta de ajonjolí o sésamo
Planta floreada de ajonjolí Foto: 123rtf

Las plantas de sésamo dan unas flores blancas o rosadas que sirven a los apicultores por su néctar, porque florean en verano. Cuando estas flores maduran forman unas vainas que llevan dentro muchísimas semillas. Existen semillas de color blanco, negras y marrones; varía según el suelo donde fueron sembradas. Con ellas se hace un aceite utilizado comúnmente en las cocinas asiáticas. A mí me gusta usarlo poco porque su sabor es penetrante. Pero amo las semillas tostadas, son fantásticas.

Camino a Amarapura

A unos pocos kilómetros de Mandalay está Amarapura, con el famoso puente llamado U Bein, que es el puente de Teka más largo del mundo. Mide 1.200 metros sobre el lago Taungthaman y se construyó cuando el rey Midon decidió mudarse de Amarapura para mover la capital a Mandalay. Se hizo con los desechos de maderas del palacio y los templos. Sirvió para movilizar a los poblados de un extremo a otro.

Llegamos al atardecer, el crepúsculo de tonos naranjas, morados, rosados, formaba sombras sobre el templo. Se divisaban barcas pintadas con colores vivos y los trajes de las mujeres combinaban a la perfección con ese espectáculo que tenía frente a mí.

Piaspia Myanmar puente de teka

Calles de tierra color azafrán, vendedoras ambulantes de té, mujeres que hacen carteras con semillas de patilla, muchos puestos de comida rústicos, repletos de todas las cosas fritas que puedan imaginarse. Cangrejo, peces rebozados, tortas de camarones deshidratados, tienditas de artesanía local. Todo un espectáculo.

En la noche teníamos una reserva en un lugar llamado Little Tavern of Mandalay.
Al día siguiente, visitamos varios templos y pagodas.

Los templos

Mandalay es considerado el lugar más primitivo y profundo para estudios de budismo, y está rodeado de monasterios magníficos.

La pagoda de Shwenandaw es una pieza arquitectónica única, creada por artesanos que tallaron la madera de manera artística. Fue hecha en el siglo XIX. Sus maderas estaban recubiertas en oro, pero con el paso del tiempo solo ha quedado el color de la madera. Los templos adentro están divididos en dos, una sección es para los hombres, y otra, completamente aparte, para las mujeres.

Las torres blancas del Templo de Sandamuni y la pagoda de Kuthodaw están al pie de las montañas en Mandalay. Allí se encuentra el libro más grande del mundo. En su entrada hay un enorme arco en oro, en su interior descubres pasillos enteros al aire libre con pabellones llamados stupas, construidos para albergar y proteger 729 piedras de mármol talladas en escritura birmana por sus dos lados. Su escritura, derivada de India y antiguas formas del birmano, es una seguidilla de círculos imposibles de descifrar y esto se debe a que escribían con hojas de palma. Estas forman 15 tomos del Tripitaka. Allí están todas las enseñanzas del budismo.

Su gente

Esta niña de la foto de arriba me conquistó, vendía como una profesional collares y coronas de flores naturales. Imposible no comprarle. En sus mejillas están pintadas unas hojas doradas, que dibujan con “thanaka”, una pasta que se hace frotando sobre una piedra húmeda pedazos del tallo de un árbol típico de este país. Solo las mujeres birmanas usan esta pasta con fines cosméticos. Las protege del sol y también del calor. Los hombres y los niños también la usan en los brazos.

El viaje duró 14 días, de allí que les contaré luego una segunda parte. Es un placer compartir con ustedes este viaje que me amplió el paladar y ¡el alma!

Tat Tar significa “hasta luego”…

Piaspia, la que cocina descalza

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