Chiyars

Chiyars en birmano significa salud y se utiliza para brindar. Con mi reciente afán de haber aprendido a tomar cerveza, también decidí que mis desayunos, durante los 14 días siguientes de mi estadía en Myanmar, consistirían en arroz blanco y dos huevos fritos, a los que agregaba ajonjolí tostado y hojas fresca de cilantro. Era la única comida del día que me recordaba un poco a mi casa y, además, descansaba de los picantes y curries que me esperaban por el resto del día.

Nuestra estadía en Mandalay culminó con la visita a un templo construido en el siglo XI, en cuyo interior se encuentran cuatro enormes figuras de Buda parados y localizados en los cuatro puntos cardinales. Cuando uno se detiene delante de cada figura, da la sensación de que tienen vida. Sus caras cambian y sus ojos persiguen a quien los mira. Es un poco impresionante e intimidante a la vez.

Mahamuni Paya

Próxima parada… Mahamuni Paya. De nuevo “descalza”, pero aquí  dejas tus zapatos en unas repisas a la entrada del lugar. Un poco nerviosos de que al regreso no estén ahí… pero eso no sucederá.

Al entrar, hay unos pasillos larguísimos, repletos de tienditas de lado y lado, en las cuales venden artesanía. Figuras de Buda en color oro, ropa, incienso, sombreros y pare de contar.

Caminando en mi silencio, con la cámara de mi teléfono lista para captar cualquier momento mágico que tendría delante de mí por escasos segundos y que si lo perdía, no volvería, me encontré con una pareja enternecedora de niños vestidos con su traje azafrán que se robaron mi corazón.

Solo para hombres

Ya en el interior de la Pagoda, hay una estatua magnífica, Mahamuni Buda, repleta de hojillas de oro, de 13 pies de Alto, con casi 15 centímetros de espesor (yo saco una cuenta rápida para convertir pies a centímetros y calculo cada pie en 30 centímetros, así tendrán un estimado bastante cercano a la realidad). Fue construida en 1784.

Aprendí que solo los hombres devotos pueden colocarle las hojillas de oro al Buda. A las 4:00 a.m., cada mañana empieza el ritual de las alabanzas. Los hombres están adelante, frente a Buda y las mujeres deben permanecer detrás de un cordón, solo observando de lejos. A los trajes de las mujeres se les denomina Longays.

El domingo muy temprano nos despedimos de Mandalay. Listos para empezar una travesía de casi 10 horas, en un barco bastante rústico que nos llevó por el río Ayeryarwadi hasta Bagan. Durante nuestro recorrido disfrutamos de aldeas a orillas del río, templos, pagodas… el viaje se hace bastante largo, porque no pasa nada muy emocionante. Por supuesto, el bar no tardó en abrir. Nosotros aportamos dos botellas de Ron Roble y otros amigos unas botellas de vino blanco, de manera que la travesía se nos hizo más divertida, fresca y amena.

Bagan y su momento histórico

Ese día ocurrieron dos eventos. El primero, un crepúsculo rosado intenso que nos hizo salir corriendo a la popa del barco, para tomarle fotos a aquel regalo de la naturaleza. El segundo fue que al llegar a Bagan veríamos y palparíamos un momento histórico de ese país. Vimos lugares de votación, completamente llenos de personas ejerciendo sus derechos.

Era el 13 de noviembre de 2015. Una “heroína de los tiempos modernos”, llamada Aung San Suu Kyi (premio Nobel de La Paz), ganaba ese día, con 84 por ciento de los votos, de manera abrumadora y por segunda vez en la historia. Es hija del héroe anticolonialista Aung San.

Todo empezó en 1989, siendo ella la líder del partido político LND. Luego de ganar con una arrolladora victoria, en el año 1990, fue condenada a prisión domiciliaria hasta 2012, de forma intermitente. Mientras, al Partido de Unidad Nacional solo le quedó 10 por ciento de los 485 escaños. Desconocieron los resultados, el gobierno prohibió a la oposición, desterró a sus líderes y reprimió las manifestaciones.

Myanmar es líder en producir piedras preciosas, jade y teca. Sin embargo, el gobierno con 25 años en el poder impide el desarrollo de la economía y cada vez son más pobres. A pesar de esta situación del país, es súper seguro viajar por él.

Bagan se divide en la parte vieja y la nueva. Antiguamente fue conocida como Pagan y fue la capital de varios reinos en Birmania.

De fiesta

Llegamos a un hotel a orillas del río que nos dejó con la boca abierta. Eran cabañas individuales, construidas entre jardines inmensos, donde permanecían de pie antiguas pagodas. En esta oportunidad nos tocó el cuarto presidencial, era casi una casa. Pues les cuento que Rafa y yo, como nos gusta inventar, organizamos una fiesta al día siguiente en el cuarto, con todos los amigos del paseo. Pedimos unos pasapalos a la cocina del hotel y unos quesos, desesperadamente, para cambiar un poco el menú. No podían faltar unos vinos para brindar.

Aquí, “entre-nos”,  la cama se encontraba en una plataforma de madera brillante y pulida, frente a unos ventanales con vista al río. Ya se imaginan qué me paso… pues me resbalé, quedé con las piernas abiertas y no sabía cómo devolverlas a su forma original. Salí con un buen golpe, pero ilesa, ya que tengo una amplia experiencia en el tema.

La primera noche, en una mesa casi medieval, larga y de madera, nos sentamos todos a degustar la comida burmese “picante”. Un show de bailes pintorescos y cantos en vivo nos acompañaron en la velada. La música es bastante particular, ruidosa, aguda y con el sonido de muchos instrumentos. Siento mucho no poder mostrarles buenas fotos de los platos, porque no se ven muy bonitos.

Desde el cielo

Al día siguiente tendríamos la aventura de volar en globo aerostático, por encima de templos y pagodas, con más de mil 500 años de antigüedad. Leí que en algún momento llegaron a ser casi 10 mil. Con terremotos, saqueos y un mantenimiento bastante escaso, hoy quedan cerca de cuatro mil.

Yo no soy una persona madrugadora, pero en esta ocasión teníamos que estar antes del amanecer en el lugar donde despegaríamos. Sentados en círculo, en unos pequeños taburetes, con café en mano, un instructor especializado nos daría todos los tips y marcaría las pautas a seguir. Yo intentaba grabar todo aquello, con un poco de nervios de que se me olvidara algo importante. Además, volteaba a mi alrededor, veía absoluta seguridad y seriedad en la cara de quienes allí estaban. Me dije: “pon la misma cara”.

¡Sufro un poco de vértigo! Eran 20 globos gigantes dormidos. Unos en color rojo azafrán y otros amarillos como el curry. De una manera profesional y con muchísimo cuidado, prendieron una especie de antorchas/turbinas que desprenden llamaradas de fuego, para inflar el interior. Se me erizó la piel cuando comencé a ver cómo, poco a poco, aquellos gigantes empiezan a despertar y ponerse de pie frente a uno. Nos convierte en algo insignificante a su lado. Me sentía mínima. Me tocó montarme cuando ya estaban casi todos dentro de la cesta. Esto lo hizo un poco más difícil, pero lo logré.

Despegamos lentamente y, ya en el aire, la bruma del amanecer y la niebla, entre los templos y el paisaje, daban un efecto como si todo flotara con nosotros. Con los ojos aguados por sentirme privilegiada estando allí, prometí volver con mis hijos algún día. Quería estirar mis brazos y poder tocar alguna estupa (edificio destinado al culto budista).

Ya no es Patrimonio de la Humanidad

El rey Anawratha fue el pionero que impulsó la construcción de pagodas y templos, además de introducir el budismo como religión. Pieza maestra, el templo de Ananda, construido en 1090, es el más sagrado de Bagan.

La vista no da para alcanzar a ver todos los santuarios que hay en ese lugar. En una planicie de muchos tonos verdes, saltan a la vista colores terracota. Triste pero cierto, hoy en día Bagan no es Patrimonio de la Humanidad, por decisión del gobierno. Esto hace que las restauraciones y mantenimiento que se necesitan, no existan.

Ngar bye sar deh

Ngar bye sar deh significa “tengo hambre”. Matices de ocre y naranja, son los colores que describen al garam masala, como lo llaman los asiáticos, o curry, como lo bautizaron los ingleses cuando llegó a sus paladares.

El tamil es un idioma de algunas etnias al sur de India y la palabra curry quiere decir: “salsa divina para el arroz”. Ciertamente existe un árbol llamado curry, del cual se utilizan sus hojas, que tienen un sabor penetrante y fuerte, con un toque ligeramente picante y al mismo tiempo cítrico. Estas hojas, para lograr un máximo sabor, se fríen. En la cocina india se usa muchísimo. Pero no nos confundamos, el curry que comemos es realmente una mezcla de ingredientes, que define su sabor, dependiendo de las proporciones que se usen.

Para elaborar un curry o garam masala dependerá del ingrediente básico que le dará el tono amarillo-ocre, que es la cúrcuma. Después vienen tumérico, comino, canela, clavos, nuez moscada, cardamomo, jengibre, ajo, pimienta negra y chiles. Además, semillas de hinojo, de amapola, de mostaza, de fenogreco y de cilantro. Cada persona le dará su personalidad a este compendio de polvos y semillas tostadas.

Conocemos curry amarillo, rojo o verde. A estos últimos, los ajíes que predominan en la cocina thai le dan el color.

Como las fronteras de Myanmar colidan con India, China y Tailandia, su comida tiene la influencia de estos países, convirtiéndola en diversa y ecléctica. El té se sirve al estilo indio.

Me despido con la ilusión de que tendré una parte III, en esta historia que cambió mi vida.

Piaspia, la que cocina descalza

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