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¿Qué se necesita para ser nombrado el cocinero del año en Europa? Seguramente un ingenio creativo que impele a expertos a reconocerlo con esta distinción. El austríaco Sebastian Frank parece reunir y superar todos los requerimientos, pues en la XVI edición de Reale Seguros Madrid Fusión 2018 fue laureado como el mejor chef del viejo continente.

Los mayores atributos de Sebastian Frank no son su cabellera rubia, nariz aguijonada, ojos claros o su sonrisa, casi imborrable; lo es su concepción de la gastronomía en la que, a partir de ingredientes humildes y sabores que rememoren su infancia, crea obras de arte vanguardistas y comestibles. Sus platos, libres de pretensiones, le han labrado un nombre dentro de la fulgurante escena gastronómica europea.

Profeta fuera de su tierra

Sebastian supo desde siempre que la cocina era su pasión y vocación. Con tan solo 13 años aprende a cocinar en los fogones del hotel Wende, en Neusiedl am See, Austria. Sin embargo, comienza a fraguar su carrera como cocinero a finales de la década de los años 90, cuando se muda a Viena. Allí trabaja en distintos comedores, entre ellos el Steirereck, considerado uno de los más famosos de la capital austríaca.

No es sino hasta 2010 cuando decide seguir a su novia hasta Berlín. Tras sortear las dificultades de emigrar a otro país, finalmente consigue convertirse en el chef del legendario restaurante Horváth. Su talento innato le sorprende al conseguir que el comedor obtenga, en menos de un año, su primera estrella. “Para mí, estábamos muy lejos de recibir una estrella Michelin. Después de todo, somos un equipo pequeño, un restaurante modesto y sin muchas pretensiones. Ni siquiera tenemos manteles”, menciona el cocinero austríaco.

Su éxito es efervescente y sube tan rápido como las burbujas del champán. En 2011 gana el concurso Koch des Jahres y es coronado como el primer chef del año en Alemania. Además, la guía Gault Millau otorga 17 puntos al Horváth y galardona a Frank con el título del chef más creativo de Berlín.

A tres años de llevar la batuta en los fogones del restaurante Horváth, Sebastian Frank y su novia, Jeannine Kessler, alzan sus copas y brindan por haberse convertido en los nuevos propietarios del comedor germano. Acogedor, sin pompa ni pretensiones y con una concepción culinaria alejada de la rimbombante alta cocina alemana, el Horváth se alza, en 2015, con su segunda luminaria de la guía roja. En 2017 fue nombrado Mejor Chef de Berlín 2017 y, hoy día, se alza como el mejor cocinero europeo.

Sebastian Frank, héroe de los ingredientes humildes

La cocina de Sebastian se aleja, por completo, de la compleja alta cocina alemana. Más bien, sus platos son libres de pretensiones estéticas y evocan las memorias de su infancia. Con ello ha logrado conseguir un sello diferenciador mediante la extracción del sabor de los platos típicos de la cocina austríaca, reinterpretados de una forma moderna y creativa.

A esta cocina la denomina “emancipadora”, donde carnes, pescados y verduras poseen el mismo nivel de protagonismo. Además, en sus fogones no hay cabida para ingredientes caros ni de otros continentes. En contraposición, aboga por los alimentos sustentables y humildes. Apoya la producción local y los productos oriundos de su tierra natal.

Sebastian se apega a la tradición austríaca, tanto que muchas de sus técnicas reproducen métodos empleados por sus abuelas. Sin complicaciones, ha logrado conseguir una sinergia entre tradición e ingredientes de la vida cotidiana, para crear platos vanguardistas y llenos elegante sencillez.

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