Jonathan Gold

Muchas veces, en la gastronomía, todos los reflectores se los llevan los cocineros o los restaurantes. Pocos son los que realmente le brindan valor a una buena crítica. Es por eso que la labor que realizó el fallecido Jonathan Gold, en la ciudad de Los Ángeles, tiene tanta relevancia. Si bien fue algo local, no se puede negar lo mucho que aportó al sector culinario de Estados Unidos.

Del violín a la gastronomía

Jonathan Gold

Nacido y criado en Los Ángeles, Gold era hijo de judíos, de allí su pasión por defender la costumbre de los inmigrantes que llegaban a la ciudad de Hollywood. En el año 1982 consiguió un empleo como corrector de pruebas en el semanario gratuito LA Weekly, fundado a finales de los 70. Esto lo alternaba con sus estudios de arte y música en la Universidad de California, Los Ángeles.

Su gran desempeño lo llevó a ocupar el puesto de editor de la sección Música semanal. Se sentía cómodo con el cargo, porque en su juventud fue violonchelista y, al frente de este, defendía los nuevos géneros musicales, como el hip hop y el rap. Pero, luego de leer un artículo suyo sobre la comida, su jefe y fundador del periódico, Jay Levin, quedó fascinado y lo invitó a escribir una columna, Counter Intelligence, sobre gastronomía.

La crítica de Jonathan

Jonathan Gold

Sus escritos no pasaban inadvertidos y, al poco tiempo, se ganó el reconocimiento de los interesados en la materia. Tanto así que el diario Los Ángeles Times, que circula desde 1881, le propuso trabajar para ellos, manteniendo su columna. No lo pensó dos veces y allí estuvo a partir del año 1990 y hasta el 96. Sin embargo, continuó colaborando para diversas revistas, como Blender, Spin, Rolling Stone y Details.

Posteriormente, se mudó a la ciudad de Nueva York, donde ejerció en la revista Gourmet. Sus publicaciones eran tan buenas que fue elegido dos veces finalista del National Magazine Awards (también conocido como Premios Ellie). El jurado de tan prestigioso galardón está integrado por más de 300 editores de revistas y profesores de periodismo. Gold se convirtió además en el primer periodista gastronómico en ser nominado.

El Pulitzer

Jonathan Gold
Jonathan Gold y su esposa

Luego de estar varios años en la ciudad que nunca duerme, decidió regresar a Los Ángeles, donde su esposa Laurie Ochoa fue nombrada editora en jefe de LA Weekly. Ellos se conocieron en los años 80, cuando entraron nuevos a la redacción de dicho boletín. Ante una propuesta de ella, Jonathan aceptó retomar su antigua columna.

No obstante, siguió escribiendo para Gourmet. Con un camino recorrido, su legado iba creciendo cada vez más, así como su empeño por mostrar sitios nada convencionales, pero con deliciosos sabores. Así fue como sacó su lista de restaurantes destacados: los “Jonathan Gold’s 99 Essential LA Restaurants”. Su esfuerzo se vio recompensado en el año 2007, con la entrega del premio Pulitzer, siendo el primer periodista de la fuente en llevarse tal distinción a casa.

Hacer visibles a los pequeños

Jonathan Gold

En varias ocasiones, al hablar de los sitios que recomendaba visitar, Jonathan afirmó lo siguiente: “Mi tarea es hacer que la gente salga de su zona de confort”.

Como se mencionó anteriormente, a él no le importaba dónde quedaba algún establecimiento o cómo fuera su fachada: “Simplemente disfruto las historias que guarda cada local, cafetería o carrito de comida”. Muchas veces, gracias a su opinión, ayudó a los pequeños negocios a ser visibles para el resto de la ciudad. Publicó casi mil críticas, muchas de las cuales fueron recopiladas y publicadas en el libro Counter Intelligence: Where to Eat in the Real Los Angeles.

Incluso, en 2015 se estrenó el documental City of Gold, bajo la dirección de Laura Gabbert, en el cual, gracias al trabajo de Jonathan, da a conocer las bondades de la ciudad. Sobre este dijo: “La idea de celebrar el glorioso mosaico de la ciudad en la moneda de otra persona fue completamente perfecta, completa y exactamente lo que quería hacer”.

Indudablemente, la huella que deja el columnista es imborrable. Su peculiar estilo hizo de Los Ángeles un lugar visible en términos gastronómicos. Quedará en la historia de la ciudad como uno de los primeros en cambiar la concepción de los restaurantes, ya que desde sus inicios buscó exaltar a los ignorados.

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