James Suckling, el juez del buen vino

Aventurarse a probar nuevas botellas puede ser complicado para muchos. En ocasiones es difícil determinar cuál es la opción de mejor calidad, por lo que siempre será una gran idea atender el juicio de los conocedores. Si de algún experto es verdaderamente sensato seguir un consejo, ese es James Suckling, uno de los críticos de vino más respetados del mundo.

El amor por la escritura

James Suckling, el juez del buen vino

Si bien ha consagrado la mayor parte de su vida a reseñar y calificar bebidas de todo el planeta, siempre ha estado relacionado con la escritura. James Suckling nació en Los Ángeles, California, y creció en compañía de un padre apasionado por los vinos. Durante su juventud sintió cierta afinidad por la bebida, sin saber que se dedicaría totalmente a ella en el futuro. Al momento de escoger una carrera, optó por la de Ciencias Políticas y Periodismo, en la Universidad de Utah.

Posteriormente, continuó formándose en el ámbito periodístico en la Universidad de Wisconsin. En aquel tiempo, en 1978, fue contratado por un diario local, donde comenzó a cubrir la sección de crímenes y sucesos. Poco a poco fue desarrollando el don de la escritura y el arte de comunicar.

Durante cuatro años se entregó a aquel oficio sin descanso, hasta que un día algo hizo que cambiara el rumbo de su vida. Mientras leía el diario The Ángeles Times, dio con un anuncio: la revista Wine Spectator buscaba personal. Influenciando por su padre, se postuló para el trabajo en el medio dedicado al vino, algo que finalmente consiguió.

En 1982 se trasladó a San Francisco, sede principal de la publicación. Comenzó sus andares en el mundo vinícola, participando en catas a ciegas y juntándose con grandes expertos. Pero James Suckling sabía que debía ir más allá y estar en las zonas más icónicas de la producción del fermentado de uvas. En 1984 tomó camino al Viejo Continente para rodearse de los mejores ejemplares de todos.

A su regreso a Estados Unidos estaba más formado y capacitado para asumir nuevos desafíos. Sus superiores, al notar esto, le delegaron una gran responsabilidad que lo llevaría a ser uno de los críticos más respetados del sector.

Sed de nuevos retos

En 1985, Suckling fue nombrado editor en jefe de Wine Spectator para Europa. Se alojó en París, donde tuvo la fortuna de probar los mejores fermentados de uvas de Francia, Italia, España, entre otros países, para luego reseñarlos en la publicación. En la actualidad, comenta: “Desde que comencé mi carrera, estimo que he probado más de 200 mil vinos”. El también crítico de puros asegura haber tenido años en los que ha degustado más de 17 mil etiquetas distintas.

Esta actividad lo puso en el centro de la producción europea de vino y consolidó sus relaciones con una variedad de viticultores. Además, contribuyó a su creciente conocimiento de los vinos en el continente. Pero a pesar de esta gran época, James decidió trazar su propio camino.

En 2010, Suckling dejó su cargo en Wine Spectator. Para aquel momento, alegó que todo era porque “planeaba un futuro emocionante”, algo que demostró poco después. Ese mismo año dio a conocer al mundo su propio portal web: jamessuckling.com. Su objetivo era crear una plataforma íntegra y completa dedicada a los fanáticos de su bebida predilecta.

“Creo que el bebedor de vino de hoy merece algo más que reseñas escritas y críticas”, comentaba sobre su nuevo proyecto. La propuesta combina desde los tradicionales escritos hasta blogs y videos. “En verdad, hay mucho más que aprender sobre el vino que simples números y prosa”, dice.

El método de James Suckling

“Un buen vino debe conmoverme, como la música, la literatura o el amor”, comenta sobre su gran pasión. Como bien es sabido en el área gastronómica, los críticos de renombre tienen gran influencia en el futuro de un establecimiento o producto. En el caso de James, su palabra es una ley inquebrantable.

La escala de puntuación de James Suckling es de máximo 100 puntos, lo que es un anhelo para los productores del mundo. Según sus palabras, “el punto de partida para una buena copa es 88 unidades, cuando puede valer la pena comprarlo. Pero lo mejor es proceder con precaución. Ciertamente, no recomendaría gastar su dinero en nada más bajo”. Continúa explicando que uno de 90 puntos o más es sobresaliente: “Es uno del que quiero beber un vaso y es una compra excepcional”. Por último, agrega que el Olimpo viene de 95 en adelante, lo que representa una “adquisición obligatoria” para cualquiera.

Algo pasional

James Suckling, el juez del buen vino

“He usado este sistema de puntos durante casi 25 años y sigo creyendo que es la forma más sencilla de calificar un vino”, manifiesta. A su vez, explica parte de su proceso de degustación: “Usualmente se parte de la nariz, de los aromas del vino. Pero, para mí, este aspecto es menos importante. Pongo más énfasis en lo que pruebo en la boca. Encuentro la concentración de fruta, de los taninos, el alcohol y el ácido. El elemento más revelador es la persistencia del sabor en la boca, el regusto. Un vino es como una persona, no hay uno que sea el mismo que el siguiente. Debe ser una emoción, no algo científico. El buen vino es la armonía, el equilibrio de todas las características que busco”.

Un hombre capaz de llevar a lo más alto el nombre de una botella. No en vano es considerado “uno de los críticos de vino más poderosos del mundo” por la revista Forbes.

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