Nacido en Francia, cuna de grandes chefs e icónicos platillos. Con un look moderno y despreocupado es considerado un poeta de la cocina. Además, Arnaud Donckele es visto como parte de la generación de relevo de los maestros cocineros que han sido mentores en su brillante carrera.

Influenciado por su familia

Arnaud Donckele
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Nació el 29 de marzo de 1977 en Rouen, ciudad ubicada al norte del país galo. Creció en la granja de sus abuelos, donde aprendería a cultivar y cosechar sus propios alimentos. A los 11 años comenzó a trabajar con su padre, un carnicero que repartía los cortes en Mantes-la-Jolie. “Mi padre era un proveedor de alimentos que sentía pasión por la cocina y por los chefs famosos”, ha declarado. Se puede decir, entonces, que ese talento y esa pasión corrían por su sangre.

“Crecí leyendo libros de cocina y biografías de famosos cocineros como Roger Vergé o Alain Chapel, entre otros”. Esos relatos, pues, fueron el punto de partida para comenzar a trabajar en su sueño y convertirse en un gran chef. El ascenso de Donckele a la alta cocina no ha sido casual.

Los primeros pasos en los fogones

Arnaud Donckele
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A los 17 años decide viajar a París, donde el mundo gastronómico es mucho más movido que en su pueblo natal. En suelo parisino, buscando aprendizaje y experiencias que enriquecieran sus conocimientos básicos, logra entrar en Gourmand Prunier; allí comienza su entrenamiento. Posteriormente ingresa a Eugénie-les-Bains, donde su maestro sería Michele Guérard.

Tiempo después consigue un puesto en el restaurante Louis XV, ubicado en Mónaco, donde crece profesionalmente bajo la atenta mirada de Alain Ducasse. Por su buen desempeño, Ducasse lo invita a formar parte de su equipo de trabajo en el restaurante Plaza Aténée de París. Tuvo, entonces, el privilegio de ser enseñado por dos de los más grandes chefs de la actualidad.

“Guerard con su cocina poética, bucólica y elegante, Ducasse con su filosofía y su amor por el producto forjaron mi manera de cocinar”, dice.

Comienzan los éxitos

Arnaud Donckele
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En 2005, después de haber ganado experiencia y renombre dentro de la comunidad culinaria, llega a La Vague d’Or. Su arduo trabajo hace que consiga en tres años cuatro excelentes puntuaciones de la prestigiosa guía de restaurantes Gault et Millau.

Asimismo, en 2010, recibe dos estrellas de la Guía Michelin y tan solo tres años más tarde se le otorgaría la tercera. Con ese logro se convirtió en el chef más joven en alcanzar el trío de estrellas: tan solo tenía 35 años. Su éxito meteórico deja claro que la edad no es impedimento para asumir grandes retos. Mucho menos para lograr los sueños. “He querido demostrar con mi historia que la edad no significa nada, simplemente el trabajo y el esfuerzo son la clave”. Recientemente fue elegido como el mejor chef del mundo en 2018 según la revista Le Chef.

El ingrediente para las conquistas

Arnaud Donckele
Bacalao y Lubina en roles, decorado con vegetales y salsa Vía thepeakmagazine.com

Para lograr las cosas no existe un solo elemento, probablemente, todo sea una suma de hechos y acciones que llevan a consolidar sueños y metas. Pero de algo está muy seguro el chef: “La reunión que debe existir entre un cocinero y un producto es lo que lleva al nacimiento de un plato, que se va formando y crece como un niño. Nos tomamos el tiempo, lo escuchamos, lo pulimos para que envejezca con nosotros. A ese plato se le da tanto afecto como se podría dar a un familiar”.

Con esa visión de la cocina se evidencia el profundo amor que siente cada vez que enciende los fogones. No se trata solamente de colocar ingredientes, “es buscar la perfecta armonía entre sabores y olores”, comenta el francés.

No se confía

Arnaud Donckele
Filete de pescado, acompañado con vegetales flotando en una vinagreta
Vía thepeakmagazine.com

“Y siempre tener duda. Naturalmente somos perfeccionistas y estamos ansiosos. Tenemos miedo a decepcionar”, ha declarado, muestra de que no le gusta el fracaso y siempre está en la “obligación personal” de alcanzar la excelencia.

Sus creaciones están compuestas principalmente por productos marinos y sobre su filosofía expresa: “Me gustaría decir que mis mesas están ahí para detener el tiempo. Que sean una desconexión de la vida presente. En el mundo en que vivimos, todo va muy rápido. Por eso se pierde lo esencial de la vida, que es vivirla”.

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