Entrar al Bazar de la luna es viajar al pasado sin montarse en la máquina del tiempo. Este lugar, ubicado en el 601 de Tacuarí en el barrio de Monserrat de Buenos Aires, es todo un orgullo para la ciudad, pues se mantiene como cuando fue fundado en 1926.

“Mi abuelo, Esteban Cuevas, fue un inmigrante español que, como todos, trabajó en muchas actividades hasta que logró cumplir su sueño de tener un bazar”, explica Marcelo, nieto y representante de la tercera generación de la familia Cuevas que se encarga de este establecimiento, cuya rama es la venta de artículos de cocina.

 

Un bazar histórico

Ollas, parrilleras, copas y cubiertos son algunos de los muchos utensilios que vende este histórico sitio, que ha recibido el reconocimiento de la municipalidad de Buenos Aires como “testimonio vivo de la memoria ciudadana”.

“Yo venía a este lugar cuando era muy niña. Ahora vengo a comprar regalos para mis hijas y para sus hogares. Es una parte de la historia”, reflexiona Martina Olivos, una compradora asidua.

En cuanto a los productos que ofertan, Marcelo Cuevas explica que pese a los problemas de importación y hasta los retos económicos que ha vivido Argentina durante muchos años, la pasión por el negocio los ha llevado a seguir en la rama de productos de cocina y a seguir buscando alternativas para continuar atendiendo a sus clientes de la mejor manera. “No ha sido sencillo. A veces tenemos que cambiar de marcas, porque los productos alcanzan costos que pueden ser elevados para la clientela y nuestra idea es brindar los mejores productos posibles pero con precios que sean asequibles. Esta es una tarea que puede ser ardua”.

En cuanto al futuro, la familia Cuevas es muy conservadora. “Mis sobrinas son las que pueden continuar con el negocio, pero todavía son muy chicas. Mientras tanto seguiremos aquí, tratando de brindar un pedazo de la historia de Buenos Aires, pues almacenes como este, ya no quedan. No es fácil conservar todo como al principio y con un poco de modernidad, pero creo que lo hemos logrado”, señala Marcelo, esbozando una sonrisa de satisfacción.

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