Palacio real

Si hay alguien para quien hay que cocinar a la perfección, esa es la reina Isabel II. Conocer con exactitud sus gustos y la forma como prefiere que le preparen sus platillos puede ser un reto bastante complicado. Incluso, el reclutamiento de cocineros dentro del Palacio de Buckingham es más que estricto.

La reina es una amante de la comida. Pocos son los ingredientes que aborrece, pero el que realmente no tolera ni en su paladar ni en su hogar real es el rico y singular ajo.

Según declaraciones del chef John Higgins, antiguo cocinero del palacio, la familia real está llena de gente maravillosa pero que, simplemente, evita el ajo a como dé lugar, y no hay una razón específica. Es tan fuerte la prohibición de este alimento que todo chef que pasa por la cocina real mantiene la costumbre de no utilizarlo.

“La prohibición del ajo es tan popular que si un chef asegura haber cocinado para la reina solo se puede comprobar si dentro de sus ingredientes de costumbre no incluye el ajo. Es un sello de autenticidad”, comentó Higgins a Travel + Leisure.

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Gustos particulares

A pesar de que la reina Isabel II es de muy buen comer, tiene sus mañas particulares a las que los chef deben adaptarse. El cocinero también contó que una vez le preparó un platillo con conejo triturado en una máquina, en vez de trocearlo a mano. Al parecer, a la soberana no le agradó lo que le sirvieron.

“Eso fue un no rotundo. La reina envió el platillo de vuelta a la cocina y tuve que empezar otra vez desde cero”, refirió.

Asegura, sin embargo, que siempre que se prepare todo según sus indicaciones, los platos quedan totalmente libres de restos cuando regresan del comedor. “Son personas con muy buenos hábitos en la mesa”, según palabras de su antiguo chef.

Por otro lado, Darren McGrady, quien también fue chef personal de Isabel por más de 11 años, dio a conocer el postre preferido por la monarca: pastel de chocolate. Le gusta tanto esa torta que a donde ella viaja su chef del momento debe llevarla como reserva, para que pueda disfrutarla cuando desee. Un privilegio, cómo no, de reina.

 

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